¡Ya he vuelto! Después del odiseico viaje, de nuevo estoy en casa :) ¡Qué aventuras, madre mía! Nos lo hemos pasado muy bien, a pesar de todos los inconvenientes, hemos dado la vuelta a todo y hemos podido disfrutar de nuestra estancia.
Cada vez que nos aventuramos a organizar algún taller o algún curso surgen nuevas experiencias que se van superando. Esta vez vengo con el subidón de haber acabado junto a mis compañeros de promoción la formación de Terapeuta de Terapia de Vidas Pasadas con David :)
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| En la entrega de títulos con el profe :) |
Lo hemos pasado genial en el curso, hemos compartido nuestros temores, penas, fatiguitas, lágrimas... nos hemos acompañado en el nacimiento, en la muerte, en varias vidas y situaciones que nos parecían perpetuas y sin solución. Y todo esto entre risas y bromas, con mucho tacto y cariño. Así hemos hecho posible que este curso haya sido el inicio de un proceso de apertura, renovación y crecimiento hacia una mayor conciencia, una nueva forma de vivir y de comprender el mundo. Os aprecio mucho y compañer@s del alma :)
Al acabar el curso han surgido en mi mente muchas cuestiones. Se puede decir que la vida (o mi alma) me ha empujado desde muy temprano a buscar el camino hacia el descanso eterno y la felicidad. Siempre he sentido el impulso de hacer algo por que el mundo sea mejor, por sentirme feliz y ver felices a las personas de mi alrededor, por unir a las personas por un bien común en hermandad... y por diferentes acontecimientos he ido descubriendo cosas que me han ido acercando a los medios que hacen eso viable. Para mí, llegar a este punto me ha requerido muchos años de preparación y de trabajo personal. Desde una profunda noche oscura en la que me hallaba inmersa en 2006 hasta ahora ha sido un árduo camino de introspección, sesiones terapéuticas (mediante relajaciones, reiki, aura-soma, TVP, flores de Bach, aromaterapia), asistir a cursos y talleres, práctica diaria de limpiezas y protecciones, meditaciones, leer libros, conocer y acompañar a otras personas en ciertos momentos... Todo eso me ha llevado hasta el momento de hoy.
Anteriormente escribía en este blog sobre ser terapeuta, la importancia de la figura del terapeuta y la necesidad de que haya una buena formación para comprender y acompañar a la persona que lo solicite de la mejor manera posible, sin obviar detalles, sin proyecciones, evitando dañarle innecesariamente y poniendo a su alcance las herramientas necesarias para que sane sin hacerse dependiente de nadie. Mis apreciaciones, tras este proceso formativo, van más allá. Me daba cuenta de que mi visión era parcial, tenía la sensación de que faltaban piezas para que todo lo que había aprendido encajara y el trabajo que pudiera ofrecer tuviera una coherencia. Muchas veces me sentía como si me alzara de puntillas para rozar conla punta de los dedos el verdadero sentido de todo esto, y acababa por sentirme cansada, frustrada, enfadada...
Sin duda, las terapias son disciplinas que constituyen herramientas hábiles para educar, instruir y alentar a las personas a tomar la responsabilidad de su propia vida. Comprender de dónde vienen los síntomas, identificar las verdaderas necesidades del alma, hacer conscientes los errores cometidos y aprender de ellos implican cambios que repercuten en todos los niveles del Ser y transforman nuestras vidas. Nuestra misión como terapeutas es ayudar a recuperar la fuerza y la voluntad, para que sea la propia persona la que realice los cambios que necesite en su vida, dejando de ser arrastrad@ por las circunstancias y sin depender de alguien o algo externo que le indique lo que debe hacer en cada momento. Alcanzar un estado de paz, amor y serenidad es posible, la práctica hace que lo puedan traer a sus vidas, y esto repercute de forma positiva también en todo su entorno, como una onda expasiva aunque a veces no sea posible percibir el alcance de todos los beneficios.
Trabajar de terapeuta es asumir una gran responsabilidad. Todo lo que se dice a un paciente en la consulta tiene una repercusión, sino inmediata, a nivel inconsciente, y va trabajando. Igual que cuando pasamos la baqueta por el cuenco tibetano poco a poco se va produciendo una vibración, las palabras del terapeuta quedan suspendidas en el campo vibratorio del paciente y van ejerciendo influencia. Así pues, todo cuenta, nuestras palabras, la intencionalidad, la intención, nuestro nivel de conciencia, todo va a influir en el desarrollo de la relación terapeuta-paciente.
Deberíamos plantearnos entonces, por ejemplo, qué ocurre cuando le digo al paciente cosas que percibo de él o que "he visto" durante la sesión. Son situaciones que plantean dudas sobre todo en maestros y terapeutas de reiki, imposición de manos, terapias energéticas y en personas sensibles/perceptivas. Antes de decir nada debemos reflexionar sobre las siguientes cuestiones: ¿cómo le va a influenciar eso? ¿en qué le va a beneficiar?. Si lo que le voy a decir le va a ayudar a crecer, a ver las cosas de forma positiva y a sentirse mejor, deberé procurar comunicárselo de forma que lo pueda entender y encajar teniendo en cuenta el momento en el que está. Por ejemplo: si percibo que las decisiones que está tomando en su vida le llevan a situaciones de dolor y sufrimiento, puedo hacerle preguntas que lel hagan reflexionar sobre su actitud y que le ayuden a darse cuenta de los fallos que está cometiendo. Pero siempre de forma imparcial y que sea él/ella quien se de cuenta y quien saque sus propias conclusiones!!!
Conviene olvidarnos de la antigua práctica de decirle a la gente cuántos entes lleva enganchados, qué ha sido en vidas pasadas o cuántas encarnaciones le quedan. Todo eso son hipótesis que no llevan a ningún lado, o al menos no le solucionan nada a la persona, ni hacen que aprenda nada, ni que se ilumine...
Lo importante es que la persona haga su trabajo, que se de cuenta de las cosas que suponen impedimentos para que pueda ser feliz, que se de cuenta de sus errores, que tome conciencia y se haga responsable. Debemos ayudarle a que tenga valor y la constancia necesaria para permitirse mirar hacia su interior y desentrañar los misterios de su sombra. Por eso pienso que el mayor reto que tenemos es la confianza. El acompañamiento desde la confianza es un descanso para el terapeuta y esperanzador para el paciente. El gran problema que se encuentra mucha gente es que cuando acude a la consulta de un profesional es que el poder reside en el terapeuta, y mientras eso se mantenga, la perona no podrá realizar verdaderamente su trabajo porque pondrá la responsabilidad en los demás (en este caso en el terapeuta) y seguirá yendo "a que le sanen".
Por eso me encuentro muy agradecida a la formación que he recibido, a los terapeutas que me han acompañado durante mi proceso hasta ahora y a mis compañeros del alma. Todas estas experiencias me han llevado a recompilar todas estas reflexiones, apreciaciones y conclusiones.
El alma es la primera capa sensible y sutil que nos encontramos cuando miramos hacia nuestro interior. Está llena de sorpresas, unas agradables y otras llenas de dolor y sufrimiento. Cuanto más trabajamos para conocerla más nos damos cuenta de su fragilidad y poderío, de cómo un cambio a este nivel deriva en cambio importantes en la vida física ordinaria. Sanar una herida del alma acerca al descanso de la plena conciencia, nos ayuda a traer más luz a nuestra vida y a ser más felices.
Viendo la magia de interactuar con el alma, de saber escucharla y comprenderla, ya tengo mis dudas resueltas. Por fin mi trabajo tiene sentido. Poco a poco las piezas del puzle encajan... y es que, más importante que la técnica que usemos, de los cursos que hayamos hecho, de la edad que tengamos, del país que seamos... está el nivel de conciencia. Cuando hemos tenido la experiencia de unidad, entonces podemos transmitir a los demás que ese estado es posible. Cuando nos hemos experimentado como la gran madre, entonces podemos acompañar a otras mujeres en el proceso de sanación de su feminidad... porque sabemos lo que es por experiencia propia, tenemos la certeza de que eso es así...
Mis palabras tan sólo expresan el deseo sincero de la autenticidad en todo lo que hagamos. Estamos en un momento en el que es urgente poner conciencia a nuestras vidas. Lo que hasta ahora servía ya no nos vale. Es hora de funcionar de forma diferente y de darnos cuenta de que la opción de hacer un mundo mejor, de ser felices y de cambiar las cosas está en nuestras manos. De nosotros depende mirar a la cara a todo aquello que tememos para colocarlo en su lugar y que no suponga un obstáculo, tomemos las riendas de nuestras vidas, hagámonos responsables y seamos nosotros quienes decidamos.
He tomado la decisión consciente de dedicar mi vida a traer la luz y conciencia y con ello ayudar a todas las personas que quieran hacerlo también. En el fondo, todos buscamos lo mismo, el problema es que muchas veces no sabemos cómo conseguirlo y nos metemos en cada marrón... No obstante es bueno saber que entre tod@s hacemos un mundo mejor.
Desde mi corazón hacia vuestra alma,