martes, 27 de enero de 2015

Compañeros del alma

Estoy realmente contenta y feliz. En cada curso que hacemos de la formación de terapeutas nos encontramos con gente que abre su corazón y se atreve a compartir sus más íntimos dolores, sus penas, decepciones, miedos... y también sus virtudes, su afecto, sus ilusiones, risas...

Cada encuentro es una reunión para la sanación de las heridas de nuestra alma. Entre todos conseguimos drenar todo aquello que nos hace daño, lo que nos perturba y supone para nosotr@s un obstáculo en nuestra vida diaria. Se pude decir que no se libra ni el apuntador. Todas las personas implicadas, tod@s l@s que asistimos, participamos de las experiencias propias y de nuestr@s compañer@s. Cuando un@ compañer@ está haciendo su trabajo de sanación, una parte de mí y de los demás se está sanando también. Pasa de ser un trabajo individual, a ser una tarea colectiva que tiene repercusiones con un efecto a modo de onda expansiva y por resonancia, cuyos beneficios son palpables en el entorno próximo pero incuantificables a nivel cósmico.

Después de una jornada dura de trabajo, etamos cansad@s, pero con la alegría de haber compartido experiencias y de haber liberado parte de las cargas que nos impiden ser quien verdaderamente somos. El trabajo en equipo permite avanzar más deprisa, puesto que al entrar en resonancia con l@s compañer@s las experiencias afloran y con el apoyo del grupo se consigue la confianza suficiente como para hacer frente a aquello que nos duele.

Cuando me encuentro con mis compañer@s y me cuentan que dolores que tenían han disminuido o desaparecido, que la relación con los familiares está mejorando, que se encuentran mejor y más felices... ¡siendo una alegría y una emoción internas indescriptibles! Ser felices, es posible. El reto es descubrir qué es la felicidad y cómo llegar a ella :)

¡Sigamos trabajando! ¡Adelante mis valientes héroes y heroínas emprendedor@s!

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