Me encuentro aún en tierras gallegas, concretamente en Pontevedra. Hemos venido a hacer el último trabajo antes de marcharnos y tengo ahora la oportunidad de escribir antes de despedirme de esta bella y peculiar tierra.
Actualmente, mucha gente suele decir que la casualidad no existe, si a caso la causalidad. Puedo dar fe de ello. No es casualidad que en esta etapa de mi vida en la que las memorias celtas se hacen presentes cada día de mi vida, me surja la oportunidad de viajar a una de las zonas españolas con más reminiscencias de esta cultura.
No hemos tenido demasiado tiempo para hacer de turistas, pero un día pude escaparme un par de horas a dar un paseo por A Coruña. Elegí la zona de la torre de Hércules y el parque y los jardines que hay en los alrededores y he quedado alucinada a la vez que emocionada y conmovida. No he podido evitar recordar lo que yo llamo mi hogar, ese lugar por el que luché tanto y defendí con mi vida...
Al poco de llegar a A Coruña, decidí que quería ir a visitar Santiago. No sé por qué extraña razón, quise ir a visitar el lugar santo de todos los peregrinos para conocerlo y sentirlo en primera persona. Hasta ahora, toda la información que tenía me había llegado a través de la experiencia de otras personas. Y por fin, puedo decir que ya he estado y que me ha encantado todo!!!
Estuvimos en la Catedral, le dimos un abrazo al apóstol, recorrimos todos los rincones que nos fue posible e incluso tuve mi momento de introspección y de despedida. Me llamó mucho la atención la cantidad de símbolos paganos que hay y recogí algunas muestras.
Ver al
apóstol y tomarme unos momentos de reflexión e introspección, me ha
servido para ver la solución a mi instríngulis y creo que el de muchas personas, para recordarme algo muy
importante: quién soy y qué debo hacer.
A grosso modo, parte de la sabiduría que capté fue que
el camino de Santiago es como un camino iniciático, algo que se asemeja
al camino de la vida en sí misma. Todos empezamos de cero, cada uno con
sus aptitudes y dificultades. Todos tenemos la misma meta y en el
trayecto nos encontramos algunos obstáculos, días largos, noches cortas,
días cortos, noches largas... y al final del camino ¿qué es lo que nos
queda? Simplemente, nosotros mismos. Al final de la vida ¿qué nos queda?
Nuestra naturaleza original, lo que verdaderamente somos. Lo que
sufrimos, lo que acumulamos... de nada nos sirve, salvo la satisfacción
de haber llegado a nosotr@s mism@s. En nosotr@s está el principio y el
final, aquí y ahora tenemos la solución a nuestros problemas y podemos
solucionarlos... pero normalmente no nos damos cuenta. Es fácil dejarse llevar por el miedo, por la pena, por la culpa, por el deseo de ser amad@s... pero al final todo eso nos lleva al fracaso de dejar de ser nosotr@s mism@s.
La
enseñanza que más me ha llamado la atención para este momento es: "en
el camino, sé tú misma". Las circunstancias van a ir cambiando, van a ir
apareciendo obstáculos, las personas que van contigo cambiarán (unas se
añadirán a tu marcha, otras se quedarán por el camino, otras cambiarán
de compañer@s...) pero lo importante es mantenerse en un@ mism@, tener
determinación y no olvidar nunca el objetivo: vivir el camino momento a
momento, tomar conciencia de cada paso y disfrutarlo. El camino de la
vida está siempre bajo los pies, no hay que ir a buscarlo lejos. Pero es tan fácil olvidarse...
Tras esta maravillosa visita, puedo concluir que en la vida todos somos llevados por algo más grande, cuya intención se nos escapa y no podemos llegar a comprender totalmente. Sin embargo, a medida que vamos tomando distancia de las cosas que nos van aconteciendo podemos ir encajando las piezas y ver como todo va cobrando sentido más allá de lo que pudiéramos haber experimentado en aquellos momentos. Por eso hay que confiar en el Universo, en el fluir de las cosas y que todo es para un bien mayor que la mente racional no alcanza a ver ni a comprender.
Ojalá pueda volver para decirle al apóstol, lo conseguí... realicé que soy el alfa y el omega de mi propia vida...
Un abrazo corazones...





