martes, 23 de diciembre de 2014

Precisamente ahora con las memorias a flor de piel... Viaje a Galicia

Me encuentro aún en tierras gallegas, concretamente en Pontevedra. Hemos venido a hacer el último trabajo antes de marcharnos y tengo ahora la oportunidad de escribir antes de despedirme de esta bella y peculiar tierra.

Actualmente, mucha gente suele decir que la casualidad no existe, si a caso la causalidad. Puedo dar fe de ello. No es casualidad que en esta etapa de mi vida en la que las memorias celtas se hacen presentes cada día de mi vida, me surja la oportunidad de viajar a una de las zonas españolas con más reminiscencias de esta cultura.

No hemos tenido demasiado tiempo para hacer de turistas, pero un día pude escaparme un par de horas a dar un paseo por A Coruña. Elegí la zona de la torre de Hércules y el parque y los jardines que hay en los alrededores y he quedado alucinada a la vez que emocionada y conmovida. No he podido evitar recordar lo que yo llamo mi hogar, ese lugar por el que luché tanto y defendí con mi vida...



Al poco de llegar a A Coruña, decidí que quería ir a visitar Santiago. No sé por qué extraña razón, quise ir a visitar el lugar santo de todos los peregrinos para conocerlo y sentirlo en primera persona. Hasta ahora, toda la información que tenía me había llegado a través de la experiencia de otras personas. Y por fin, puedo decir que ya he estado y que me ha encantado todo!!! 

Estuvimos en la Catedral, le dimos un abrazo al apóstol, recorrimos todos los rincones que nos fue posible e incluso tuve mi momento de introspección y de despedida. Me llamó mucho la atención la cantidad de símbolos paganos que hay y recogí algunas muestras.

 

 





Ver al apóstol y tomarme unos momentos de reflexión e introspección, me ha servido para ver la solución a mi instríngulis y creo que el de muchas personas, para recordarme algo muy importante: quién soy y qué debo hacer. 

A grosso modo, parte de la sabiduría que capté fue que el camino de Santiago es como un camino iniciático, algo que se asemeja al camino de la vida en sí misma. Todos empezamos de cero, cada uno con sus aptitudes y dificultades. Todos tenemos la misma meta y en el trayecto nos encontramos algunos obstáculos, días largos, noches cortas, días cortos, noches largas... y al final del camino ¿qué es lo que nos queda? Simplemente, nosotros mismos. Al final de la vida ¿qué nos queda? Nuestra naturaleza original, lo que verdaderamente somos. Lo que sufrimos, lo que acumulamos... de nada nos sirve, salvo la satisfacción de haber llegado a nosotr@s mism@s. En nosotr@s está el principio y el final, aquí y ahora tenemos la solución a nuestros problemas y podemos solucionarlos... pero normalmente no nos damos cuenta. Es fácil dejarse llevar por el miedo, por la pena, por la culpa, por el deseo de ser amad@s... pero al final todo eso nos lleva al fracaso de dejar de ser nosotr@s mism@s.

La enseñanza que más me ha llamado la atención para este momento es: "en el camino, sé tú misma". Las circunstancias van a ir cambiando, van a ir apareciendo obstáculos, las personas que van contigo cambiarán (unas se añadirán a tu marcha, otras se quedarán por el camino, otras cambiarán de compañer@s...) pero lo importante es mantenerse en un@ mism@, tener determinación y no olvidar nunca el objetivo: vivir el camino momento a momento, tomar conciencia de cada paso y disfrutarlo. El camino de la vida está siempre bajo los pies, no hay que ir a buscarlo lejos. Pero es tan fácil olvidarse...

Tras esta maravillosa visita, puedo concluir que en la vida todos somos llevados por algo más grande, cuya intención se nos escapa y no podemos llegar a comprender totalmente. Sin embargo, a medida que vamos tomando distancia de las cosas que nos van aconteciendo podemos ir encajando las piezas y ver como todo va cobrando sentido más allá de lo que pudiéramos haber experimentado en aquellos momentos. Por eso hay que confiar en el Universo, en el fluir de las cosas y que todo es para un bien mayor que la mente racional no alcanza a ver ni a comprender.

Ojalá pueda volver para decirle al apóstol, lo conseguí... realicé que soy el alfa y el omega de mi propia vida...


Un abrazo corazones...

domingo, 14 de diciembre de 2014

La lealtad sin límite lleva a compromisos difíciles de cumplir...

"Está oscureciendo... el silencio provoca un tremendo vacío en mi interior... como la calma antes de la tempestad. Apenas puedo ver el mar, la espesa niebla ha empezado a subir y todo empieza a volverse borrosamente gris. Desde el gran balcón, entre las columnas espero a que algo ocurra... a que llegue el final que intentaré evitar arriesgando mi vida si es necesario.

Ya cae la noche, se ven algunas luces minúsculas desfilando... el sonido de los tambores retumba en mi interior y me siento estremecer por dentro. Impotente, sin poder hacer nada, espero y veo cómo los hombres extranjeros llegan y se acercan a nuestra tierra sagrada... tendría que hacer algo para impedirlo, aunque la Señora ya nos dijo que sería imposible, tengo un compromiso, un juramento que debo cumplir.

Vestida de incógnito, estoy en el pueblo, mezclada entre la muchedumbre. Mujeres y niños corren de un lado para otro, gritando, llorando y corriendo tropezándose desesperados para huir de esta barbarie y esconderse. Montones de cuerpos yacen en el suelo, los hombres de nuestra tierra están siendo asesinados vilmente. Las casas, los graneros, el ganado... todo ha sido quedamo, arrasado, saqueado... Un estandarte romano ondea al viento, como si fuera el símbolo de la gloria cristiana que ha venido a redimirnos y salvarnos de la salvaje tradición pagana...

El olor a muerte y a chamuscado densifica el ambiente, el sufrimiento y el horror del pueblo ante tan cruel invasión impregnan el aire hasta tal punto que cuesta respirar.

¡Asesinooooos! Juro que pagaréis todo esto en nombre de la Diosa. No debisteis romper el equilibrio, nosotros respetamos la diversidad de religiones, de dioses, de costumbres... siempre que se nos respetara ¡Pagaréis vuestra insolencia, vosotros, vuestros hijos y los hijos de vuestros hijos!

He vuelto a casa, necesito saber que la Gran Sacerdotisa está bien y mis hermanas también. Al llegar a la escalera, parece que es más difícil subir que de costumbre, como si los escalones hubieran aumentado su altura y se hubieran estrechado. Todo parece más sombrío, silencioso y quieto que de costumbre. Siento mi corazón acongojado, encogido, como si algo horrible fuera a suceder...
Al llegar arriba, no encuentro a nadie, está todo desierto... no encuentro a mis hermanas... voy corriendo a ver a nuestra querida madre a su estancia... y ahí está... tumbada en su lecho, pálida, consumida, fría y agonizante. Junto a ella hay dos hermanas sacerdotisas que la acompañan y la asisten, pese a que ella les había pedido que marcharan y la dejaran morir sola. Nada más llegar a la puerta de la habitación, ella gira la cabeza hacia mí como si me hubiera estado esperando, me mira, sonríe y abandona su cuerpo. Desesperada, en estos momentos tan difíciles mi querida madre me ha abandonado. Fría y distante, por los requerimientos de su puesto, sé que me ha querido y ha velado por mí a su forma procurándome siempre lo mejor, aunque en ocasiones no haya sabido entender bien sus pretensiones. Me siento furiosa y apenada a la vez por su marcha en estos momentos tan críticos... nuestra tierra está en juego y cada vez me encuentro más sola en la lucha por preservarla. Nuestra Gran Dama se ha ido y ahora la responsabilidad me pesa cada vez más.

Mientras la arreglan, mis hermanas me dicen que ha dejado un mensaje para mí: "No puedes hacer nada, deja que pase lo que es inevitable y vive sabiendo que la Diosa está en todas partes, en todas las criaturas, en todos los seres..." Me doy la vuelta llena de rabia, destrozada por todo lo ocurrido y juro que cumpliré mi promesa. Velaré por esta tierra aunque me cueste la vida, mi compromiso con la Diosa es firme y lo llevaré hasta el final.

Voy deprisa hasta el pueblo, de nuevo, y esta vez lo que veo es peor... el templo ha sido arrasado también, nuestros símbolos sagrados han sido partidos, rotos en pedazos. Han colocado una cruz cristiana con su Dios... ¡Cuanto odio hacia la Antigua Religión! Cada vez parece más cercano el fin... pero ¡me niego a resignarme! ¡Jamás lo permitiré!

Un barullo de soldados borrachos, eufóricos persiguen a las mujeres y las manosean, las violan y las tiran de un lado a otro como si fueran meros trozos de carne. Carcajean y se ríen de ellas. Algunas yacen moribundas en el suelo, sangrando por todas partes, con la ropa rasgada. Y esa ropa, esas telas son... no puedo creerlo... ¡Estas mujeres son mis hermanas! ¡Estáis maltratando y violando a las hijas de la Diosa! (Grito, ya no me importa que me vean y me oigan) ¡Asquerosos asesinos violadores! ¡Estáis condenados! ¡Arderéis en el infierno! ¡Malditos seáis todos vosotros bestias inmundas! ¡Y maldito sea vuestro Dios que permite y os anima a semejantes crímenes! ¡Moriréis con dolor, vosotros, vuestros hijos y los hijos de vuestros hijos, malnacidos! ¡Lo jurooo!

Mientrastanto un par de hombres me toman de los brazos e intentan tocarme y llevarme con los demás, pero su estado es tan lamentable que puedo escaparme y huir hacia mi casa...

Desolada y abatida, me derrumbo al llegar a mi querido hogar... está todo arrasado, como si hubiera habido un terremoto. Parece que cada minuto que pasa se destruye un poco más de aquel lugar tan maravilloso. Ya no queda nadie allí, salvo yo... seguramente, las hermanas que han podido sobrevivir estarán escondidas lejos, en algún lugar, hasta que todo se calme. Pero yo no soy así, sé que así no podría vivir... huyendo de una promesa a la Diosa y a mis Hermanas... No he podido hacer nada por impedirlo, la gran sacerdotisa tenía razón, quizá debí hacerle caso, pero no puedo vivir con el peso de no haber cumplido. Mi vida aquí ya no tiene sentido, he fallado y no he podido cumplir lo que prometí, mi querida madre ya no está y la Antigua Religión ha sido engullida por la de los seguidores de un nuevo dios quienes muestran poseer unos valores rastreros, misóginos y falocéntricos, que a mi modo de ver, les han hecho convertirse en los criminales más despreciables de la faz de la tierra. ¡¡¡No muestran respeto por nada!!! Aquí ya no hay sitio para mí, tan sólo me queda la culpa por haber fallado, por no haber sido lo suficiente hábil como para evitar que esto ocurriera... (Con pesar) Mi tiempo ha expirado...

Me coloco en el centro de mi balcón preferido, que ahora es como un llano en una cumbre, sin las columnas. Miro al cielo con admiración y con la aspiración de reunirme con la Diosa y mis queridas Hermanas que ya han partido. Alzo las manos y recito una oración de invocación a la Diosa y de despedida del mundo de los hombres. En breve una luz desciende sobre mí, como un rayo fulminante, y abandono mi cuerpo quedando disuelta en la inmensidad del todo."

- Extraído de una experiencia  surgida en una sesión terapéutica de Terapia de Vidas Pasadas -