Nada.
Todo sigue su curso, todo sale cuando tiene que salir, de forma natural, sin presiones.
Forzar las cosas no significa que vayan a salir como tú quieres. Nos empeñamos en hacer cosas, aún sin saber el qué, para sentirnos bien y útiles. Sin embargo, hacer cosas puede ser aún peor que esperar pacientemente a que llegue el momento de actuar conscientemente.
Mientras sale de nosotr@s aquello que intuimos con certeza que está pero no sabemos qué es, la mejor opción es vivir. Disfrutar de lo que tenemos en el momento, realizar lo que se pueda según las circunstancias en la medida de lo posible. Torturarse sólo empeora las cosas y desgasta la energía en procesos mentales que sólo llevan a un espiral de sufrimiento que puede acabar engulléndonos en la desesperación y la fatalidad.
Es una bendición reconocer la grandeza y la divinidad de cada una de las cosas que nos rodean y poder agradecer la oportunidad de estar aquí. Parece que cada instante lineal se nos escapa y no puede volver a nosotros y, sin embargo, disponemos de un eterno presente para realizarnos y despertar.
