viernes, 30 de diciembre de 2016

Sobre la muerte

Durante la revisión y el estudio sobre la muerte, he encontrado unas palabras que creo que pueden ser de interés para reflexionar y acercarse más a este tema, tomando otra perspectiva.
"Se necesita valor para enfrentar la realidad de la muerte, y para formular en forma muy definida nuestras creencias sobre el tema... La muerte es el único hecho que podemos predecir con absoluta seguridad y, sin embargo, la mayoría de los seres humanos se rehusa a considerarlo, hasta que lo enfrenta de modo inminente y personal."  (A. Bailey)
En general se nos ha educado para vivir ajenos al dolor, al sufrimiento y a la muerte. Nos han dotado de toda clase de armas para defendernos de ello, para ignorarlo y negarlo. Esta resistencia genera una lucha interna sin sentido, pues el cuerpo físico tiene una duración finita, y tarde o temprano todos deberemos pasar por el tránsito de muerte.

Cuando sobreviene una situación en la que una persona está próxima a la muerte, se genera un movimiento tanto en ella misma como en toda la gente de su alrededor. Surgen dudas y posibilidades, miedos, y muchas veces, temas que estaban enterrados afloran. De repente, si no está integrado el tema de la muerte, puede ser como si todos entraran en shock, todo se descoloca y cada cual lo encaja como puede. Se generan situaciones a veces muy incómodas especialmente para quien está en su proceso de muerte y esto le priva de lo necesario para centrarse en lo que viene y en la confianza de que todo saldrá bien.

La negación de la muerte nos lleva a querer hacer fijas las cosas, a hacer que las personas y el entorno que conocemos se queden igual para siempre... y esto en definitiva es negar la propia vida, porque la vida es fluídica, en sí misma es cambio.

Así, para que exista lo que llamamos vida, es necesaria la muerte. Ese proceso transformador que posibilita el cambio, como en la transición de gusano a mariposa. Morir, dejar de existir, en un contexto/plano/situación, implica nacer o surgir en otro.

La muerte no es una desaparición rotunda, no es un final, no es oscuridad ni maldad. Es un proceso natural y necesario para la continuidad de la vida tal y como la conocemos.

El concepto vida/muerte continúa ligado a la visión dual en la que hay algo que nace y más tarde muere. Pero desde la visión profunda del ser, se puede observar que en el conjunto de la Totalidad realmente no existe algo como tal que nace y muere, simplemente son movimientos de la mente creando ciclos sin fin. Es la conciencia experimentándose a sí misma a través de las fluctuaciones.

¿Quién teme a la muerte? ¿Qué es lo que teme desaparecer?
Ese yo cultivado y henchido que lo único que persigue es continuar perpetuándose. En la realidad relativa todos los fenómenos siguen la ley de la impermanencia, así pues, el yo está destinado a la extinción y cuanto mayor es la resistencia, mayor es el sufrimiento.

La muerte es una experiencia considerada en las tradiciones ancestrales como iniciática. Comprender la muerte significa conocer los misterios de la vida, rendir el yo a los pies del Ser espiritual para dejar que lo que verdaderamente somos se exprese en el mundo.

Por eso es tan importante apoyar y ayudar a las personas que están en proceso de morir. Cuando el yo se resiste a lo inevitable, el sufrimiento se hace más largo e intenso. Resolver los asuntos pendientes y las causas del miedo a la muerte es vital para realizar el tránsito de una forma tranquila y serena, y proporciona lo mismo para los familiares y acompañantes. La reconciliación con un@ mism@ lleva a serenar la mente, a relajar la guardia y el control para permitir que la vida siga su curso.


miércoles, 28 de diciembre de 2016

Los juicios en la vida diaria

Hay días en los que leo en la mente de algunas personas que piensan que no me entero de las cosas. Me miran a la cara y se imaginan una niña inocente que apenas sabe nada de la vida. Porque no suelo contar mi recorrido y mis experiencias si no viene a cuento, suelo ser bastante reservada en las conversaciones; pienso que es mejor encontrar el momento adecuado para compartir las cosas. Tampoco acostumbro a colgar mi vida en las redes sociales. Parece ser que para algunas personas, sino no proclamas a los cuatro vientos todo el currículum y la experiencia que tienes, significa que no la tienes. Así que quién no sabe y no pregunta, se hace su idea. Y acto seguido empiezan a actuar en consecuencia.

No es que sea una experta en la vida, ni en conocimientos intelectuales, ni en terapias... pero sí tengo entrenamiento y domino ciertas técnicas terapéuticas. Llevo algo más de 8 años realizando mi proceso personal y acompañando a otras personas. Así que puedo decir que tengo criterio y sé de qué va esto de la sanación y la espiritualidad.

De este modo, cuando me hacen una pregunta como para ponerme en un compromiso, llega la sorpresa. Hay quién se frustra por no poder dejarme mal y a partir de ese día ya le caigo mal; y hay quién se da cuenta de su error de juicio y se abre la oportunidad de iniciar una amistad o relación de compartir.

Los juicios son nocivos, para el que los emite y para el que los recibe. Son como un veneno que cala en la mente y en el cuerpo emocional, capaz de cambiar las conductas amorosas y amables en puro desprecio, y también de podrir las relaciones. El emisor se va impregnando cada vez más de ese veneno y lo va contagiando a la gente de su alrededor, si no le ponen freno. El receptor nota en su inconsciente toda esa carga negativa y tendrá dos opciones: pararle los pies y desenmascarar al emisor de los juicios, lo cual llevará al conflicto, o alejarse y salir del ambiente tóxico. También podría demostrar con hechos que dichos juicios no tienen nada que ver con la realidad, pero esta opción conlleva tiempo y paciencia.


La traición (segunda parte)

Estuvimos observando el sentimiento de haber sido traicionad@ en el post anterior, estudiamos la perspectiva de la víctima de la traición. Sin embargo, el hecho de que haya un ser traicionado implica que hay alguien que traiciona. Seguramente, partiendo de la perspectiva de la polaridad en la que se ve que un polo oculta el otro polo, la persona que se siente traicionada también traiciona aunque muy probablemente no es consciente de ello.

Hay muchas formas de ser traidor/@. La más frecuente es con un@ mism@, y esto ocure cada vez que intentamos ser lo que no somos, ya sea por aparentar o por cumplir expectativas de alguien, cuando nos obligamos a hacer cosas que no queremos o que nos dañan, cuando pensamos una cosa y hacemos otra, cuando nos negamos a nosotr@s mism@s, cuando optamos por mantenernos en la ilusión a pesar de haber visto la realidad...

De una manera u otra, mirándolo con detalle, parece que es imposible no traicionar y/o ser traicionad@. Es desolador... Sin embargo, no nos quedemos ahí, sigamos mirando pero ahora con más profundidad.

El hecho de considerar que yo he sido traicionada o he traicionado, lleva implícita la idea de que soy una entidad independiente de todo lo demás que es ajeno a mí. Esto por tanto, pertenece a la visión yoica dualista que concibe la realidad como algo sesgado, dividido en partes inconexas. Indica que existe un error de percepción que provoca sufrimiento y dolor.

Quien ve la traición, ve que Dios (el creador, la fuente, el universo...) se ha equivocado, que su plan es imperfecto y tiene fugas. ¿Qué clase de ser omnipotente permite que su creacción sufra? ¡qué injusticia!

Elevando el punto de vista del observador, saliendo de la identificación con el yo, se puede percibir la unidad en la multiplicidad. Se puede experimentar que todos y cada uno de los seres, por más diversos que seamos, formamos parte del mismo cuerpo divino, de la misma conciencia que lo abarca todo. Se puede sentir la perfección de la gran obra, en la que todo tiene su lugar. Realizamos que la oscuridad manifestada en la creación permite que tomemos conciencia de la gran luz que hay en nuestro interior, y que esta luz nos permite darnos cuenta de las oscuridades e iluminarlas. La traición no es más que una de las sombras generadas por la conciencia yoica, que ancla nuestra conciencia en los niveles inferiores opacándola y no nos deja elevar la mirada hacia lo alto, hacia lo profundo de nosotr@s mism@s, donde se halla el hogar, lo que verdaderamente somos. Cuando conseguimos traspasar ese umbral y rozamos el velo de la luz divina nos damos cuenta del inmenso amor que emana, de que toda traición no es más que una ilusión generada por la mente personal por una errónea traducción de la realidad y se desvanece... de repente todo lo que habíamos anhelado encontrar está ante nosotros esperando a que lo aceptemos...