Sonrisa frágil, corazón sincero que se abre de par en par, mirada empañada y cuerpo tembloroso como las hojas de los árboles en otoño.
Así te hablo. Con el impulso del Amor sin límite y la pasión de la certeza de quién ha rozado el Misterio. Te veo como el que me despertó a la Vida, como quién me miró profundamente un día y fertilizó la semilla del Amor que crece y crece en mi interior momento a momento. Y te siento como el susurro Divino que juega con mis cabellos, que me envuelve de inspiración y me eleva al Paraíso de la Felicidad dónde los anhelos más verdaderos se hacen realidad.
Me escuchas y acompañas, me preguntas y me das alas y mi sonrisa rota tapa con todas sus fuerzas un te amo que se escapa para que no sufra aún más este corazón que te añora, quebrado como el cristal en la noche fría.
Me hablas y surgen preguntas y dudas... si pudo ser o no, si mi intuición era certera o no, si los rumores eran ciertos y me engañaste o no... pero eso ya no importa. Ahora sólo importa la gratitud que siento por la Vida que me trajo el regalo que tanto y tanto busqué. El Amor que quise encontrar fuera, hoy lo llevo a todas partes, sin duda sé que está en mí. Resuena, vibra, irradia y lo ilumina todo, borrando la duda y la incertidumbre, las ilusiones y las esperanzas... germina y crece en el centro de mi Ser, en cada célula, en cada átomo y partícula, en cada parpadeo y respiración... y en una exhalación, de nuevo, tu nombre.