A veces puede dar miedo mostrarse, desnudar el alma y dejar a la vista ese núcleo tierno, sensible, vulnerable... se hace difícil dejar un hueco o tan sólo un resquicio para que alguien se asome. Especialmente, y más aún, cuando ya nos han herido tanto que hemos deseado morir. A l@s que hemos visto la ira y el odio en los ojos de las personas que más amábamos mientras nos machacaban, nos asusta dejar que nos vean porque creímos que el problema estaba en nosotr@s. Y por ello, lo que es aún más duro, nos aterra la idea de que alguien en verdad nos vea y nos ame.
Toda la vida temblando de miedo, deseando que llegara el fin del sufrimiento y, cuando por fin se acabó, ya me había acostumbrado. Y ahora queda por delante el anhelado camino del Amor, que está resultando ser tan ansiado como terrorífico porque ¿qué ocurre cuando todo está bien? ¿qué hay tras la lucha con el sufrimiento? ¿y qué pasa si alguien me ve como soy? ¿y si alguien me ve, me acepta y me ama? ¿qué excusa voy a poner para no ser feliz?