jueves, 24 de abril de 2014

Víspera de Renacimiento

Tras la oscuridad de las Noches del Alma, después de estar sumergida en el pozo de la desesperación y de haber navegado a la deriva sin rumbo en el mar de la incertidumbre, ahí llega  por fin... ¡el Alba!

En el horizonte se intuye un resplandor tan hermoso y mágico como alentador. Los ojos se resienten, pues dentro de esta oscuridad apenas se puede ver nada. Cuesta mirar, casi podría decir que parece dañino mirar directamente... Pero la intuición y la Sed son más fuertes. Al levantar la vista, ahí está, al fin, la Luz del Nuevo Día.



Atrás queda el tiempo estéril e infructuoso de estancamiento, de la tristeza del Duelo por lo que ya no sirve y porque ya no sirvo, de la soledad y el desconsuelo, del vacío insaciable que no me daba tregua y me colocaba siempre al borde del abismo.

Por fin empiezo a divisar nuevas costas, quizá, La Tierra Prometida. El inicio de nuevos y fructíferos proyectos, el encuentro de un nuevo hogar para una Nueva Conciencia, una nueva forma de vivir para un Ser Renovado, un nueva nueva oportunidad para Ser y Realizar.

De nuevo tomo contacto con mi cuerpo, experimento con más intensidad las percepciones sensoriales, siento como si me estuviera preparando para algo nuevo. Todo se ilumina a mi alrededor y una alegría inmensa brota desde mi corazón y se extiende en las diez direcciones, inundándolo todo. Siento el resurgir de la energía desde mi interior hacia afuera, como un fluir lumínico sin fin de Vida, como el Alba del Eterno Amanecer... y una tremenda emoción me estremece.

¡Pronto habrá nuevas aventuras en un Mundo Nuevo por descubrir!


miércoles, 16 de abril de 2014

Camino hacia el Cambio de perspectiva


El cambio de perspectiva ha sido aparentemente brusco, pero en primera persona ha sido lento y de mucho trabajo personal. Me siento afortunada, porque durante mi vida me he sentido muy cuidada y protegida en varios niveles y porque siempre he encontrado la ayuda necesaria en los momentos clave.

Cuando me di cuenta de que era el momento de emprender el viaje hacia mi verdadero Ser, empecé a trabajar terapéuticamente. En breve los terapeutas me dijeron que ya estaba, pero esa sensación interna de desazón, vacío y sed seguía ahí... sin explicación, sin respuesta. Yo sentí que lo que ocurría era que no sabían qué hacer conmigo. Tuve suerte de encontrar el gran libro de Thomas Moore que me dio suficientes fuerzas como para comprender la primera "Noche Oscura" fuerte que pasé, fue un periodo en el que me sentí más sola y perdida que nunca por primera vez. ¿Y cómo explicar eso a nadie, si yo misma estaba perdida a cerca de lo que me estaba ocurriendo...?

Después de esto, entré en contacto con Reiki, ¡una bendición por lo mucho que he aprendido desde entonces!. Cierto es que me ayudó a hacer cambios en mi vida, porque me di cuenta de muchas cosas, sobre todo de los errores que había cometido y de las heridas del alma que a través de los años, en lugar de curarse, se enquistan e interfieren en todo. Aprendí los aspectos positivos de trabajar en grupo y lo importante de compartir no sólo lo bueno, también el dolor. Por fortuna, como un regalo del cielo, también entré en contacto con Aura-Soma, una herramienta maravillosa con la que me encanta trabajar.

Entre todo el movimiento interno de Reiki, justo cuando empezaba a concretar qué hacer con mi vida, hacia dónde dirigirme y qué cambios hacer, apareció la persona que puso todas mis estructuras, todas mis ideas, todas mis ilusiones patas arriba. Todo lo que había planeado se fue directamente a tomar viento. Y, paradógicamente, ahí empezó a emerger con fuerza mi felicidad. Gracias a David empecé a encontrar respuestas y sentido a lo que me ocurría. Pude encontrar sosiego y esperanza. Empecé a trabajar con él con la Terapia de Vidas Pasadas y paralelamente él me hablaba sobre la existencia de las Tradiciones Espirituales y sus enseñanzas. Desde entonces voy haciendo un trabajo terapéutico regular combinando la TVP y las terapias en las que me he instruido como tratamiento coadyuvante. Con el tiempo también he empezado a practicar la meditación Zen.

No encuentro palabras para expresar lo feliz y afortunada que me siento por haber llegado hasta aquí en tan buena compañía. Cada mañana cuando me levanto y veo el sol, doy gracias por la vida que tengo y porque en cada momento doloroso he tenido algo o alguien que me ha recordado lo importante que es ver la Lucecita interna, es esa chispa, es ese aliento Divino de Vida imperecedero e inmutable desde el que todo está bien. Muchos de los pesos que llevaba a cuestas han ido desvaneciéndose, muchas heridas han ido sanando y las relaciones que eran insanas han desaparecido o se están fortaleciendo.

No hay más que decir, salvo...


GRACIAS


jueves, 10 de abril de 2014

Cambio de perspectiva (2ª Parte)

Al hacer un cambio grande, independizarme, irme a vivir con mi pareja, cambiar de Barcelona a un pueblo pequeño del Pirineo, dejar el trabajo... si ya estaba en un mar revuelto de emociones, la cosa ahora se ponía más emocionante. ¡Cuántos cambios de golpe! Pero lo necesitaba... estaba cansada, hastiada, agotada de mantener una imagen que se me había quedado demasiado pequeña para ocultarme tras ella y que ya me pesaba demasiado. Lo que más he deseado siempre ha sido ser honesta, en mis palabras, en mis actos, en mis pensamientos. Aunque, por encima de todo, quería ser honesta en mi labor hacia los demás. Mantener la hipocresía de aguantar políticas que no iban conmigo, me dejaba sin energía, notaba como se me iba la vida cada segundo que no hacía nada por desvincularme de todo eso.

El romper con todo fue el momento cumbre liberador que me empujó al vacío , a la búsqueda del Ser, de la Verdadera Naturaleza y del Sentido. Desde entonces, han sido muchas crisis las que he ido viviendo, preguntándome el porqué de mi sufrimiento, por qué no podía ser feliz, por qué lo que me gustaba tanto antes ya no me llenaba, por qué sentía ese vacío tan grande en mi interior... y me sentía sola, incomprendida e inmersa en una oscuridad profunda que me impedía ver la remota posibilidad de que todo aquello pasaría algún día. Fue un periodo de descubrir mi lado oculto. Sufrí mucho porque empecé a experimentarme de forma totalmente contraria a cómo yo me veía. ¡Parecía que todo me salía alrevés! Estaba sin fuerzas todo el tiempo, triste, sin ganas de hacer nada. Me sentía patosa, inútil  y que era un estorbo. Era como si me hubiera convertido en mi negativo (como los negativos de las fotos). Cada día iba descubriendo nuevos errores que había ido cometiendo, patrones mentales y conductuales que estaba repitiendo y cada instante se convertía en una lucha en la que sentía que tenía todas las de perder porque, la culpa y el sentir la responsabilidad de tener que arreglar todo eso, me abrumaban. Entonces entraba en ciclos de impaciencia, quería arreglarlo todo rápidamente. Quería solucionar toda esa pesada carga que llevaba a mis espaldas, la culpa, la responsabilidad, el dolor, el vacío... y esa prisa, lo único a lo que me llevaba era a sufrir más.

Tras ir profundizando en mi proceso personal y muchas conversaciones, he ido viendo que los procesos del alma no se pueden forzar. Claramente en este tiempo, mi alma necesitaba drenar todo cuanto no había podido expresar porque estaba oculto en el inconsciente. Ha sido un proceso de tomar consciencia de mis necesidades y carencias, de prestar atención a los dolores de mi alma y permitir que ésta se exprese. Y sobre todo, de asumir que las cosas son como son y está bien así.

El sufrimiento empaña la cristalina forma del alma y la opaca. La personalidad enmascara los verdaderos deseos, anhelos y necesidades que ella alberga porque tiene miedo, juzga y censura.

Éstas son las Noches Oscuras del Alma. Periodos en los que el alma se comunica. Y es responsabilidad y deber nuestro permitir que se exprese, que drene sus dolores y que se manifieste. Cuando el alma fluye a través de nosotros ocurren cosas maravillosas: se pintan cuadros, se escriben relatos y poemas profundos, se ama sin reservas, se siente el gozo de estar vivo y se es capaz de transmitirlo a los demás sin esfuerzo... entre otras muchas cosas maravillosas.

Todo esto ocurre haciendo consciente el proceso y fluyendo con él. La censura de las emociones y pensamientos que surgen, lo que produce es una obstrucción en el proceso depurativo del alma y una negación de nuestra parte profunda. Mantenerse en la observación de los procesos internos ayuda a que todo se coloque en su lugar y a ir integrando esas partes de nuestro Ser que antes estaban ocultas en el inconsciente.

Lo que quiero decir con todo esto es que las necesidades del alma escapan a la comprensión de la mente personal. Muchas veces parece que vayan en dirección opuesta a la moralidad o a lo que socialmente está bien visto y corresponde hacer, pero si reflexionamos sobre quién ha dictado las normas sociales y morales y con qué propósito lo ha hecho, quizá las necesidades y anhelos del alma no son tan descabellados. Por eso, tras ver casos y casos de personas que vienen a consulta y a los cursos a hacer el trabajo de su alma, vemos que en el fondo tod@s tenemos los mismos dolores, las mismas necesidades y a tod@s nos mueve la necesidad de alcanzar la FELICIDAD. Tod@s anhelamos experimentar el amor, es lo que nos mueve en la vida: amar y ser amad@s; por eso muchas veces metemos la pata, porque sin saber conscientemente lo que es pretendemos "querer" y ser "queridos" de la forma que imaginamos que debería ser.

viernes, 4 de abril de 2014

Hay que morirse para ser bueno



Para empezar, no me gusta utilizar el término pérdida para hacer referencia a la muerte de alguien, puesto que sólo se pierde lo que se tiene o se posee y el hecho es que en lo que llamamos “nuestra vida” no somos poseedores de nada y, ni mucho menos, de nadie. Es la vida la que nos trae y nos lleva, nos junta y nos separa. Tratar de resistirse a ello no nos conduce más que al dolor y el sufrimiento de ver que no podemos hacer nada por evitarlo. Pero aquí lo utilizo por convención social, para hacerme entender.

Es irónico, pero en esta sociedad, además es cierto. He visto muchas personas que han experimentado en carne propia la pérdida de alguien (un ser querido, un familiar, un vecino o vecina, un amigo o amiga, el marido o la esposa, un hijo o una hija…) y los santifican y colocan en un pedestal. Parece que al morir desaparecen los errores y defectos, hablan de ellos como almas inmaculadas y bondadosas, ¡¡¡es como si se hubieran iluminado!!!… (ojalá fuera tan fácil).

Constantemente, entre los conocidos del difunto o la difunta, se oyen frases del estilo: “Se ha ido el mejor”, “Era muy buena persona”, “Siempre se van los buenos primero”, “Qué buen humor que tenía”… Es curioso porque siempre el que se muere es el mejor, el que sabía hacer las cosas del agrado de todos, el que era un santo encarnado. Sin embargo, si se conoce la historia de la familia o aunque sea, se ha convivido mínimamente con el fallecido/a, es fácil ver que tampoco su santidad es tan totalitaria desde el punto de vista relativo y mundano.

Pongo un ejemplo para ilustrar lo que quiero exponer. Hace un tiempo, murió un vecino que vivía en el mismo bloque que unos familiares nuestros. En la misa, el cura no hizo más que repetir lo bueno que era ese señor. En realidad, todos sabíamos que se gastaba un malhumor y una antipatía con todo el mundo que se hacía desagradable para todos, se quejaba de todo, le molestaba cualquier cosas que hicieran los de su alrededor. No digo que fuera malo, pero tampoco era el encanto de persona que describieron el día de su entierro.

He visto casos en los que se ha llorado la muerte de alguien y se ha dicho “qué bueno era”, “era el único que me comprendía”… y en su casas de puertas para adentro gastaba muy mal humor con su familia, pegaba a sus hijos y les reñía constantemente, le molestaba la gente a su alrededor… pero como suelo decir, lo que ocurre en casa, para la familia queda. De todas esas cosas, ante la muerte, parece que nadie se acuerde, quedan como borradas de la mente de todos. No obstante, quien lleva las heridas probablemente se sienta culpable por sentirse aliviado/a y se autocastigue internamente por ello.

Quizá todo esto ocurre por cómo están constituidas las normas sociales, porque no estaría bien reconocer en público que es un alivio para las personas que convivían con el que se haya muerto porque es el fin de la represión y por fin podrán respirar sin que nadie se lo reproche. No quedaría bien decir que estaban hasta el moño de las impertinencias y de las restricciones.

Esa forma de vivir la muerte es insana. Deberían educarnos para que aprendamos a ser honestos/as con nosotros/as mismos/as. De esta forma sabríamos reconocer nuestros propios sentimientos y podríamos ver más claramente las situaciones y a las personas. Dejaríamos de gastar energía en mantener el personaje que nos hemos creado para sobrevivir y ser aceptados/as y podríamos ser más nosotros/as mismos/as aunque al morir no nos vayamos a convertir en santos iluminados.

Otro hecho que he podido observar con respecto a la muerte, que tampoco es sano, en los últimos días de vida y/o en el lecho de muerte de alguien aprovechar que sus fuerzas están mermadas para reprocharle cosas del pasado y volcar todos los sentimientos reprimidos (rabia, odio, ira, cólera…). Todo tiene su tiempo, aprovecharse de la debilidad de otro para castigarlo sólo sirve para engrandecer el ego falsamente ¿Qué mérito tiene enfrentarse a alguien mermado? Ni siquiera sirve para sentirse mejor, puesto que si esa persona ejerció algún daño, ya no es la misma. De aquí la importancia de poder decir las cosas en el momento y no esperar a última hora o al momento de su muerte. Aprovecharse de un desvalido no te hace mejor persona que el que te dañó, por muy terrible que fuera lo que te hizo.

Animo a todo el mundo a instruirse y leer a cerca del bien-morir. Realmente es algo que condiciona mucho nuestro día a día y no nos damos cuenta hasta que empezamos a tomar contacto con el tema. Hay gente que se ha escandalizado con este blog y con mi interés por la muerte. Debo decir a quienes os habéis preocupado, que el tema de la muerte se ha tratado siempre en todas las tradiciones espirituales. Muchas culturas lo tienen integrado como un tema muy importante y educan a los niños desde pequeños para que acepten la impermanencia de todo lo existente, esto significa aceptar la muerte. Y conlleva sanar aspectos muy profundos de nuestro Ser y llegar a comprender mejor nuestra existencia. Como dice el maestro, aprender a bien-morir es aprender a bien-vivir y viceversa.