jueves, 24 de abril de 2014

Víspera de Renacimiento

Tras la oscuridad de las Noches del Alma, después de estar sumergida en el pozo de la desesperación y de haber navegado a la deriva sin rumbo en el mar de la incertidumbre, ahí llega  por fin... ¡el Alba!

En el horizonte se intuye un resplandor tan hermoso y mágico como alentador. Los ojos se resienten, pues dentro de esta oscuridad apenas se puede ver nada. Cuesta mirar, casi podría decir que parece dañino mirar directamente... Pero la intuición y la Sed son más fuertes. Al levantar la vista, ahí está, al fin, la Luz del Nuevo Día.



Atrás queda el tiempo estéril e infructuoso de estancamiento, de la tristeza del Duelo por lo que ya no sirve y porque ya no sirvo, de la soledad y el desconsuelo, del vacío insaciable que no me daba tregua y me colocaba siempre al borde del abismo.

Por fin empiezo a divisar nuevas costas, quizá, La Tierra Prometida. El inicio de nuevos y fructíferos proyectos, el encuentro de un nuevo hogar para una Nueva Conciencia, una nueva forma de vivir para un Ser Renovado, un nueva nueva oportunidad para Ser y Realizar.

De nuevo tomo contacto con mi cuerpo, experimento con más intensidad las percepciones sensoriales, siento como si me estuviera preparando para algo nuevo. Todo se ilumina a mi alrededor y una alegría inmensa brota desde mi corazón y se extiende en las diez direcciones, inundándolo todo. Siento el resurgir de la energía desde mi interior hacia afuera, como un fluir lumínico sin fin de Vida, como el Alba del Eterno Amanecer... y una tremenda emoción me estremece.

¡Pronto habrá nuevas aventuras en un Mundo Nuevo por descubrir!


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