viernes, 6 de abril de 2018

Reflexiones para mujeres de hoy en día

Mujeres, nos están engañando. Nos prometen que seremos las que harán posible un cambio en este mundo, que nosotras tenemos el poder y que debemos luchar contra lo masculino para conseguirlo. Como si lo masculino fuera lo contrario de lo femenino, el enemigo ingrato y eterno que siempre trata de manipularnos y someternos...

Se está creando una burbuja ficticia de espiritualidad femenina en la que se alimentan y ensalzan los egos disfrazados con túnicas, se hacen iniciaciones y rituales sin la preparación debida, se distribuye información sin el marco adecuado para aprender y experimentar verdaderamente (en lugar de ello se transmite información abstracta de experiencias que si no se realizan quedan muy lejos de toda comprensión racional, con lo cual nos convertimos en loritos que repiten información que hemos oído o se  nos ha transmitido). Se organizan reuniones y talleres exclusivos para mujeres en los que se aporta una visión dualista y sesgada del ser humano, obviando o infravalorando lo masculino y que las polaridades son complementarias, ensalzando el rol de la mujer por encima de todo lo demás y alejándonos del principio más importante de las tradiciones que es la visión unitaria de todas las cosas.

Hay quien se aprovecha de la nostalgia, la melancolía y la añoranza que subyace bajo nuestra piel, en la memoria del ADN, en nuestra alma, proveniente de tiempos pasados en los que vivimos con gran fervor y pasión el culto a la Diosa y su Consorte, el Dios. Tiempos en los que prevalecía la voluntad de la Diosa que era siempre manifestada por una mujer, la cuál dirigía y manipulaba según la conveniencia del momento y los fines que persiguiera. Nos cautivan con ceremonias de tributo y homenaje a la Luna, con atuendos que nos recuerdan a nuestras vivencias de sacerdotisas, con meditaciones que nos hacen temblar de emoción recordándonos la Isla Sagrada donde se halla la puerta hacia ese lugar mágico que habita en nuestro corazón.

Que no os engañen. Se está utilizando el deseo que arde en nuestro interior por que esa época vuelva, y así también es como nos lo venden. Nos dicen que debemos provocar que vuelva el matriarcado, que lo mejor es que el poder sea de las mujeres... ¿y no os dáis cuenta del peligro?

Cualquier persona cuando empieza a realizar un trabajo profundo experimenta en carne propia que todos y todas hemos hecho de todo ya, que hemos sido hombre y mujer y que a consecuencia de todo lo que ha ocurrido antes tenemos estas condiciones en este momento. Las mujeres tuvimos el poder durante una época y también cometimos errores: guerras, asesinatos, manipulación, mentiras,traición, sometimiento, soberbia, mal uso del Arte... el matriarcado también generó mucho sufrimiento tanto para hombres como para mujeres. Todos estos errores llevaron al péndulo de la historia hacia el otro polo y el poder pasó a los hombres, y ellos han hecho tres cuartos de lo mismo.

Estamos en un momento en el que se habla de cambio de conciencia, de nueva era, de cambiar la forma de funcionar. Y ciertamente, las cosas irían mucho mejor si eso se diera. Estemos en el polo que estemos, en el femenino o el masculino, la forma de funcionar sigue siendo la misma, totalmente dualista. En ambos casos se hacen diferencias, se toman unas cosas por buenas y otras por malas. Y todo esto nada tiene que ver con la espiritualidad.

Cuando miro a otro ser (persona, animal, vegetal...) y le digo con mis palabras o actos "yo soy mejor que tú" o "yo tengo más poder que tú", ahí no cabe la espiritualidad. La necesidad de reforzar un yo implica automáticamente discriminar un No-Yo, existo Yo y todo lo demás. Eso quiere decir que no me siento parte, que soy algo diferente de lo demás como si la vida fuera por un lado y yo por otro. Entonces claramente la vida nos demuestra que realmente el yo no tiene ningún poder a la hora de decidir lo que ocurre y se ve arrastrado por las circunstancias y en continua lucha por sobrevivir. Lo cual implica un gran desgaste y mucho sufrimiento para todos.

Cuando empiezo a ver la interrelación de todas las cosas, la interdependencia de todos los seres, el fluir de la creación a través de toda manifestación y veo la perfección y la completitud de la gran obra del Universo del que tod@s formamos parte y en el que tod@s tenemos un papel fundamental, entonces, empieza a asomar la espiritualidad. Todo cobra sentido porque de repente todo está en su lugar, todo es perfectamente armónico en el vaivén de la vida.

Así pues, deberíamos elevar nuestra mirada hacia lo alto, hacia ese lugar que está en nuestro interior que está conectado con la chispa divina. Ese lugar que nos conecta con nuestro hogar, nuestra verdadera esencia, donde todo esta bien y de donde hemos partido. En este lugar todos formamos parte del mismo entramado, todo está formado de la misma sustancia de amor y gozo que lo impregna todo, ahí no hay un yo que nos separe y no existe nada que esté fuera ni dentro de mí.

Ojalá llegue el día del verdadero cambio en el que cada cuál trabaje para recuperar su propio poder, para sanar y tomar las riendas de su vida coocreando en armonía con todos los seres y siendo testigo de la Gran Obra.

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