Se dice de la Edad Media pero ¿habéis visto lo que está ocurriendo ahora?
Estamos viviendo unos tiempos extraños, engañosos. Se mire a donde se mire hay una tremenda confusión, tanto externa como interna. Llega un momento que es difícil distinguir qué es beneficioso y qué, por el contrario, es perjudicial. Estamos en un punto en el que da la sensación de que ya no se puede inventar nada más, estamos saturados de estímulos y de información por todas partes ¿Y a qué nos está llevando todo eso? Pues lastimablemente, si tomamos un poco de perspectiva, veremos que se ha formado una espiral de la que cada vez es más difícil salir si no se pone absoluta conciencia y fuerza de voluntad.
Hablando con más personas hemos coincidido en que es muy difícil, y cada vez más, tomar ciertas decisiones libremente sin que haya unas consecuencias sociales inmediatas. Decidir hacer lo que a uno le gusta, educar a los hijos de la mejor forma para ellos y con unos valores propios, recibir una atención sanitaria que priorice las necesidades del usuario antes que las farmacéuticas... Las personas que decidan hacer algo que se salga de lo que se estipula socialmente se abocan a un vacío en el que se encuentran, no sólo sin apoyo alguno, sino que también se les censura e incluso se les penaliza (de diferentes formas) en algunos casos.
Esto a grandes rasgos es lo que podemos encontrar a nivel externo... pero en los niveles internos la cosa se complica.
Hemos tenido la suerte de que ha habido una gran apertura social a las terapias complementarias y a las técnicas que se basan en que la naturaleza humana trasciende el nivel físico. Cada vez es más aceptada la cuestión de que el ser humano tiene una parte de su conciencia que es conocida con consciente, que hace referencia a todo de lo que la persona se da cuenta, y otra que se le llama inconsciente, que es lo que se tiene oculto o uno no se da cuenta. A partir de aquí, hay quienes van más allá y hablan de la vertiente espiritual, el alma y sus procesos, etc.
Todo esto tiene una cara B, una contrapartida. La apertura de un "nuevo mundo" a explorar ha despertado también intereses comerciales que han visto un filón en las terapias y lo han llevado todo a la maquinaria comercial y/o al funcionamiento común de "enganchar" a la gente con nuevos cursos, nuevas terapias con nombres cada vez más raros obviando y dejando atrás de dónde procede todo esto y cuál es el verdadero propósito. Y precisamente esta última cuestión es uno de los mayores problemas en los terapeutas de hoy. Es muy fácil liarse en los mundos internos, cuanto más adentro, más complejo y el funcionamiento es distinto en cada plano. Por eso es importante no olvidarse del propósito ¿para qué sirven las terapias? ¿cuál es la función del terapeuta? ¿qué es la salud? ¿qué es la auténtica sanación? ¿qué significa ser espiritual? ¿de qué forma estoy ayudando a la gente? ¿es bueno para ellos, si miro en profundidad? ¿cuál es la motivación que me lleva a ejercer de terapeuta? ¿qué preparación y entrenamiento he llevado a cabo para hacer lo que estoy haciendo?
Puede parecernos que se ha abierto ante todos nosotros un mundo de conocimientos que habían permanecido reservados a tan sólo una pequeña cantidad de personas y que eso nos beneficia y nos pertenece. También puede parecernos que aprender todo ese conocimiento es cuestión de apuntarse a talleres y asistir a un sin fin de formaciones que se van renovando (aparentemente). He oído decir que es una injusticia que haya conocimiento que se mantenga oculto y tan sólo esté al alcance de unos cuantos, y que "el conocimiento os hará libres"...
Hay un motivo principal por el que el conocimiento y la sabiduría a cerca del ser humano y del desarrollo de la conciencia estaba reservado y guardado por un número limitado de personas. Y es, en general, para la fiel preservación de la enseñanza. Adentrarse en el mundo espiritual implica conocerse a uno mismo, esto conlleva serias obligaciones y responsabilidades. Debe hacerse un entrenamiento específico para limpiar y depurar el cuerpo, las emociones y la mente. Se debe tener el control y el poder necesario como para dominarlos, para usarlos según sea necesario sin dañar a nadie. Es por eso, por ejemplo, que los símbolos, invocaciones, iniciaciones, mantras, imágenes... fueron guardados de forma secreta. Es una gran responsabilidad y tiene consecuencias inimaginables hacer un mal uso de ello.
El hecho de dejar al descubierto tanta información ha facilitado que se saquen cosas de contexto, que se haga un uso indebido del conocimiento, de palabras, símbolos, imágenes... y ha hecho que muchas personas tengan problemas de salud mental, en su vida cotidiana..., que se fomente la confusión, que se desprestigie lo espiritual y que pierda fuerza y valor.
Antes en occidente, y en otras culturas alrededor del planeta aún actualmente, era un honor que alguien de la familia se dedicara a la vida espiritual. Las personas que vivían una vida espiritual eran respetadas y reconocidas socialmente, se les entregaba un dinero para que pudieran realizar su función, se les hacían obsequios en agradecimiento.
Actualmente en occidente, alguien verdaderamente espiritual es difícil de ver y es raro que la gente comprenda la función que cumple. Por desgracia es una figura muy poco valorada, y quién intenta caminar por esta senda se encuentra muchos obstáculos tanto a nivel social en general como por parte de las personas más cercanas.
Esto es para reflexionar... ¿qué nos ha pasado? ¿en qué momento cambiamos nuestros valores y decidimos que caer en la ignorancia era lo mejor que podíamos hacer?
La época más oscura es aquella en la que ya no sé quién ni qué soy yo, es donde ya no se me permite pensar por mí misma y si lo hago estoy fuera del sistema, es en la que la sociedad me tiene tan absorta que estoy desconectada de mi cuerpo y de mis necesidades, es en la que vivo un sueño que no es el mío y ni siquiera lo sé, no hay preguntas ni aspiraciones, es en la que no existe el amor sino el deseo (el quiero), es en la que la esperanza se volvió resignación y aún dando gracias... entonces ahora ¿qué época es?

