Estuvimos observando el sentimiento de haber sido traicionad@ en el post anterior, estudiamos la perspectiva de la víctima de la traición. Sin embargo, el hecho de que haya un ser traicionado implica que hay alguien que traiciona. Seguramente, partiendo de la perspectiva de la polaridad en la que se ve que un polo oculta el otro polo, la persona que se siente traicionada también traiciona aunque muy probablemente no es consciente de ello.
Hay muchas formas de ser traidor/@. La más frecuente es con un@ mism@, y esto ocure cada vez que intentamos ser lo que no somos, ya sea por aparentar o por cumplir expectativas de alguien, cuando nos obligamos a hacer cosas que no queremos o que nos dañan, cuando pensamos una cosa y hacemos otra, cuando nos negamos a nosotr@s mism@s, cuando optamos por mantenernos en la ilusión a pesar de haber visto la realidad...
De una manera u otra, mirándolo con detalle, parece que es imposible no traicionar y/o ser traicionad@. Es desolador... Sin embargo, no nos quedemos ahí, sigamos mirando pero ahora con más profundidad.
El hecho de considerar que yo he sido traicionada o he traicionado, lleva implícita la idea de que soy una entidad independiente de todo lo demás que es ajeno a mí. Esto por tanto, pertenece a la visión yoica dualista que concibe la realidad como algo sesgado, dividido en partes inconexas. Indica que existe un error de percepción que provoca sufrimiento y dolor.
Quien ve la traición, ve que Dios (el creador, la fuente, el universo...) se ha equivocado, que su plan es imperfecto y tiene fugas. ¿Qué clase de ser omnipotente permite que su creacción sufra? ¡qué injusticia!
Elevando el punto de vista del observador, saliendo de la identificación con el yo, se puede percibir la unidad en la multiplicidad. Se puede experimentar que todos y cada uno de los seres, por más diversos que seamos, formamos parte del mismo cuerpo divino, de la misma conciencia que lo abarca todo. Se puede sentir la perfección de la gran obra, en la que todo tiene su lugar. Realizamos que la oscuridad manifestada en la creación permite que tomemos conciencia de la gran luz que hay en nuestro interior, y que esta luz nos permite darnos cuenta de las oscuridades e iluminarlas. La traición no es más que una de las sombras generadas por la conciencia yoica, que ancla nuestra conciencia en los niveles inferiores opacándola y no nos deja elevar la mirada hacia lo alto, hacia lo profundo de nosotr@s mism@s, donde se halla el hogar, lo que verdaderamente somos. Cuando conseguimos traspasar ese umbral y rozamos el velo de la luz divina nos damos cuenta del inmenso amor que emana, de que toda traición no es más que una ilusión generada por la mente personal por una errónea traducción de la realidad y se desvanece... de repente todo lo que habíamos anhelado encontrar está ante nosotros esperando a que lo aceptemos...
De una manera u otra, mirándolo con detalle, parece que es imposible no traicionar y/o ser traicionad@. Es desolador... Sin embargo, no nos quedemos ahí, sigamos mirando pero ahora con más profundidad.
El hecho de considerar que yo he sido traicionada o he traicionado, lleva implícita la idea de que soy una entidad independiente de todo lo demás que es ajeno a mí. Esto por tanto, pertenece a la visión yoica dualista que concibe la realidad como algo sesgado, dividido en partes inconexas. Indica que existe un error de percepción que provoca sufrimiento y dolor.
Quien ve la traición, ve que Dios (el creador, la fuente, el universo...) se ha equivocado, que su plan es imperfecto y tiene fugas. ¿Qué clase de ser omnipotente permite que su creacción sufra? ¡qué injusticia!
Elevando el punto de vista del observador, saliendo de la identificación con el yo, se puede percibir la unidad en la multiplicidad. Se puede experimentar que todos y cada uno de los seres, por más diversos que seamos, formamos parte del mismo cuerpo divino, de la misma conciencia que lo abarca todo. Se puede sentir la perfección de la gran obra, en la que todo tiene su lugar. Realizamos que la oscuridad manifestada en la creación permite que tomemos conciencia de la gran luz que hay en nuestro interior, y que esta luz nos permite darnos cuenta de las oscuridades e iluminarlas. La traición no es más que una de las sombras generadas por la conciencia yoica, que ancla nuestra conciencia en los niveles inferiores opacándola y no nos deja elevar la mirada hacia lo alto, hacia lo profundo de nosotr@s mism@s, donde se halla el hogar, lo que verdaderamente somos. Cuando conseguimos traspasar ese umbral y rozamos el velo de la luz divina nos damos cuenta del inmenso amor que emana, de que toda traición no es más que una ilusión generada por la mente personal por una errónea traducción de la realidad y se desvanece... de repente todo lo que habíamos anhelado encontrar está ante nosotros esperando a que lo aceptemos...
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