lunes, 5 de enero de 2015

Los ojos son el espejo del alma, son el balcón que nos permite asomarnos al interior de las personas. Si nos fijamos, podemos entrar en contacto con la esencia de ese ser al que estamos mirando y percibir sus miedos, sus anhelos, sus virtudes, sus intenciones... e incluso de qué pasta está hecho.

La mirada de las personas va cambiando según varían las circunstancias y sus pensamientos y emociones. Hay quienes son más inexpresivos, quienes llevan un gran coraza y parece que nunca son afectados ni perturbados por nada, pero ante personas atentas sus ojos les delatan...

La capacidad de aguante mirando a los ojos nos aporta mucha información sobre quién tenemos delante. Hay gente que desvía la mirada por timidez, porque se siente desnud@ o frágil. Hay quien se siente violent@ o intimidad@. Hay quienes miran hacia un lado para esconder el dolor y el sufrimiento interno que reflejan sus ojos. Pero también hay casos contrarios, hay miradas que escudriñan, que parece que están haciendo radiografías de "lo oculto". Hay miradas descaradas, inquisidoras, de desprecio, de ansia, de malicia y ensañamiento.

Las más agradables de recordar son las dulces, como caricias para el alma. Cuando la esencia de dos personas parece rozarse, reconocerse y estremecerse. Hay miradas amorosas que transmiten tanta ternura y calidez que serían capaces de derretir el corazón de hielo más duro (y no me refiero exclusivamente al amor de pareja).

Los ojos no sólo perciben, también transmiten, y además de una forma no racional. Cualquier ser puede percibir la fuerza de una mirada. Los niños ya desde pequeños, antes de desarrollar el nivel racional, aprenden a identificar los cambios en el rostro de su mamá y se fijan especialmente en su mirada (aunque también influye el tono de voz y la actitud corporal), saben identificar perfectamente cuándo está enfadada, contenta, preocupada... Si nos fijamos en los animales, ellos también utilizan las miradas para comunicar (al margen de imágenes mentales, hormonas...).

Con la mirada esculpimos en el otro o que mora en nuestro interior. Deberíamos tomar conciencia de cómo afecta a quienes nos rodean. Sería bueno reflexionar y preguntarse ¿qué estoy transmitiendo? ¿Cómo reacciona la gente frente a mi mirada?

En ocasiones las palabras dicen una cosa diferente a lo que expresa la mirada, ¿cómo saber a qué hacer caso? Sabiendo que la palabra surge de lo racional y que los ojos reflejan el inconsciente... creo que no hay duda, el resto, os lo dejo a vosotr@s...

Felices Reyes... ¿os habéis fijado en su mirada?...

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