Aunque en la superficie de mi ser experimente las sacudidas de las aguas turbulentas, hay algo quieto y sereno en mi interior que permanece intacto e inmutable. Aún cuando las lágrimas brotan de mis ojos y empañan mi mirada, aún sintiendo morir una parte de mí, en mi interior habita la alegría y el puro gozo. Siento la efervescencia de la vida, la alegría inmensa infinita, la conexión con el todo y, de alguna forma, me siento que soy todo y estoy en todo.
Cuando tomo contacto con mi interior, está todo claro, en calma, no hay dudas ni dolor... y si hubiera dolor, sería sólo anecdótico, como un cristalito de sal perdido en la inmensidad del océano ¿Quién puede distinguir dónde está ese cristalito contemplando el océano? Es un punto tan diminuto, que queda diluido en la vastedad.
Desde lo profundo de mi ser, doy gracias al Universo por cada día en este mundo, porque cada vez que abro los ojos recuerdo porqué estoy aquí. Es un acto de fe y esperanza, a la vez de confianza en la vida, en todos los seres (incluyéndome a mí, por supuesto). Lo veamos o no estamos aquí por nuestra aspiración interna a la realización plena y total, y nos mueve el impulso inconsciente de ser felices y de experimentarnos amorosos y amados.
Desde lo profundo de mi ser, doy gracias al Universo por cada día en este mundo, porque cada vez que abro los ojos recuerdo porqué estoy aquí. Es un acto de fe y esperanza, a la vez de confianza en la vida, en todos los seres (incluyéndome a mí, por supuesto). Lo veamos o no estamos aquí por nuestra aspiración interna a la realización plena y total, y nos mueve el impulso inconsciente de ser felices y de experimentarnos amorosos y amados.
Cuando contemplo el pasado, lo que hoy acontece y el devenir, veo perfección, sutileza y compasión universal. Está todo tan medido para que aprendamos, para que nos sanemos, que es imposible escapar a ello. Podemos resistirnos, negarnos y aferrarnos para no ver, para no sentir... pero de una forma u otra la vida nos empuja a ceder, a soltar, a asumir. Nos corresponde a nosotros abrir los ojos y tomar la responsabilidad de nuestra propia vida. Debemos reconocer que no es necesario vivir luchando, podemos descansar en la confianza del fluir de a existencia y de que todo es para bien, aceptando que todo está com o está y es como es... más allá de lo que aparentemente nos gustaría... y ¡está bien así!
En la aceptación y la confianza está la redención, el cese del sufrimiento que nos traen los aferramientos a que las cosas deben ser como pensamos, como creemos que deben ser, como nos gustaría que fueran. En el reconocimiento de nuestras "imperfecciones" y "errores" encontramos la perfección de la vida, que nos pone un espejo mediante nuestro entorno (circunstancias, personas, acontecimientos) para que veamos nuestras heridas y las podamos sanar.
Lastimablemente nos cuesta horrores reconocerlo, y aún más hacerlo. Pero, por suerte, cada vez somos más las personas que nos interesamos y nos implicamos día a día en el estudio y la práctica de herramientas útiles para hacer consciente el inconsciente y que alentamos a incrementar esa aspiración a ser felices. Porque vivir de otra manera es posible y dadas las circunstancias personales y sociales, ahora ya es una demanda a gritos.


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