En el silencio encontré la pureza del Ser. Besé los pies Divinos y me postré, en entrega y rendición. Exhausta, tras la ardua lucha de la búsqueda, ¡qué descanso al fin!
Oh, tú que desde las alturas me brindas tu dulce mirada y derramas tu amor sobre mi cáliz sagrado. Que rebose mi copa sobre el mundo y lo inunde de las bendiciones fecundas de tu grandeza.
Que crezca y prospere la semilla de la Promesa que florecerá y fructificará en el clímax del ciclo de la vida y será sacrificada por Amor a todos los seres.
Bendita la unión sagrada de las polaridades, la danza de amor que mueve la rueda de la vida, que nos devuelve al hogar del que surge todo y adónde todo debe volver.
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