Creemos que podemos controlarlo todo. Desde pequeñ@s nos meten en la cabeza que tenemos que saber cómo va a ser nuestra vida por anticipado, para luchar porque así sea y conseguir ser felices.
Nos vamos inflando la cabeza con imágenes y deseos de lo que nos gustaría vivir. Nos empeñamos en buscar un ideal al que aferrarnos para que de sentido a nuestra vida y esa seguridad que tanto anhelamos... y luego la vida se parte de risa, nos demuestra una y otra vez nuestro error.
Va pasando el tiempo y no tenemos nada de lo que deseamos. No somos felices con lo que hemos conseguido porque ni de lejos se parece a lo que habíamos proyectado. La frustración crece cada día que pasa y vamos viendo el sinsentido de vivir deseando algo que no va a ser mientras chocamos una y otra vez con una realidad que construimos de forma inconsciente porque nuestra energía está en el anhelo.
L@s que nos cansamos de vivir así nos damos cuenta del absurdo de proyectar, desear y esperar. Todo eso es demasiado cansado y nos ha llevado demasiadas veces al fracaso, al dolor y al sufrimiento.
Tod@s tenemos un tiempo para cada cosa, la cuestión es verlo y aprovecharlo. Debemos meditar bien cada paso que damos, adónde nos lleva y de qué nos aleja, si vale la pena y si tendremos el coraje para asumir las consecuencias.
Hacer una vida consciente no es fácil, pero conlleva una libertad que sobrepasa a la esclavitud del estado de sueño y deseo contínuo.
La soledad que se puede llegar a sentir resuena en el silencio del corazón de quién busca una vida mejor, pero cuando por fin llega...
La voluntad personal no tiene ningún poder de cambio ni transformación de la realidad, no puede luchar contra el destino. Es necesario apelar a la Voluntad Superior, a aquéllo que nos moviliza hacia la felicidad verdadera, para que nuestros actos y deseos sean biendirigidos y se puedan dar los cambios necesarios para realizar lo que anhelamos al margen del comportamiento egoico.
Con suerte, encontraremos alguna o algunas personas que irrumpan en nuestra vida de tal forma que cambie nuestra perspectiva y se abran nuestros ojos. Lo mejor es no negarlo ni resistirse a ello. Quizá sea el momento de abrirse y aceptar lo que viene tal como viene.
Debemos pues confiar en la sabiduría de la vida, ella sabe desarrollarse por sí misma, y hacer uso de nuestra capacidad de atención y observación para no perdernos ningún detalle, incluido la oportunidad de realizar nuestros sueños.
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