Estamos tan falt@s de ser escuchad@s, de tener un espacio para expresar y compartir lo que vivimos y lo que somos en realidad... Y muchas veces no lo hacemos porque sentimos que no nos van a entender, o que a los demás no les va a importar lo que tengamos que decir, o por miedo a ser juzgad@s, o porque nos sabe mal hacer que alguien nos dedique un tiempo de su vida...
Es triste, nos cruzamos y hablamos con muchas personas cada día, pero en realidad son tod@s desconocid@s. La barrera del miedo, de la vergüenza, de la culpa, del enfado, del resentimiento... nos aísla y mantiene en nuestra burbuja. Vemos pasar la vida desde ahí y en realidad nos morimos de ganas por salir, que nos vean, nos escuchen, nos toquen, nos abracen...
Nos hemos olvidado de la importancia de la confidencia. El virus del cotilleo y el cuchicheo, la crítica destructiva y la envidia han contaminado las relaciones, y eso hace que dudemos a la hora de abrirnos y mostrarnos.
El ser humano es como es, todos tenemos virtudes y defectos, hacemos pipi y caca (si nuestro estado es saludable), cometemos errores también, y todo esto nos hace tremendamente únic@s e irrepetibles. Es una aventura muy enriquecedora conocer y dejarse conocer, aprender a amarse a un@ mism@ a través de la diversidad de lo que nos rodea.
Recuperemos la confidencia, el arte de escuchar sin juicios y sin la necesidad de prodigar la vida, los secretos y los dolores de los demás.
Abre el corazón y permite que el corazón del mundo se abra a ti. Verás que no has amado nunca antes así.
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