Amenudo me pregunto cuál será realmente mi lugar en este mundo. A veces quisiera saber de inmediato qué fin, qué propósito tiene esta vida para mí, para mi alma. Me intriga en extremo cuál es mi misión, qué función debo desempeñar para mí y para los demás. Y al final siempre llego a la misma conclusión, aún es pronto.
A pesar de la edad que tengo, he vivido y he visto muchas cirscuntancias y personas, he estudiado y he experimentado muchas cosas tanto en la vida ordinaria como en los mundos internos en las sesiones terapéuticas (de mi proceso personal) y durante la meditación y los ejercicios espirituales. Sin embargo, sé que aún no estoy preparada para salir al exterior, me siento como un proyecto de mariposa esperando aún para salir de la crisálida. Aunque quiero hacer cosas, moverme, salir al exterior... siento que aún no estoy lo suficiente madura como para dar el paso, pero que es algo inminente y ¡el tiempo se me hace eterno!
Mucha gente cuando me ve se hace una imagen mental de mí que suele ser la de una chavalita joven e inocente que no sabe aún nada de la vida, que se cree que sabe algo y en realidad apenas ha empezado a vivir, y que con cualquier cosa se la puede impresionar. Es algo que en un principio me irritaba hasta el extremo, los juicios precipitados sin saber ni conocer. Pero he aceptado que en general la gente funciona así, te mira, se hace una idea inventada de cómo y qué eres, y te tratan según lo que se han imaginado. Y luego, cuando abres la boca puedes ver en sus caras cómo se rompen todas esas ideas ficticias que proyectaban sobre ti. Deberíamos desarrollar la facultad de preguntar antes de juzgar, siempre va bien saber con quién se está hablando. Nos dejamos engañar por las apariencias, vemos lo que queremos ver y diría que en la mayor parte de los casos esto ocurre por vagancia y por indiferencia. Fingimos que nos importan cosas que en realidad nos dan absolutamente igual, en general sólo nos importa lo nuestro y nosotr@s mism@s. El claro ejemplo está en cuando le preguntamos a alguien cómo está, normalmente se hace por cortesía, por lo que la gente llama "educación" o como acto mecánico para saludar. Normalmente se suele contestar "bien", una palabra, que si analizamos, puede llevar un significado implícito muy variopinto: "a ti qué te importa", "si yo te contara...", "te digo bien, pero si tú supieras...", "como no sé qué decir te digo bien para rellenar", "estoy bien quitando mis problemas de salud, la mala relación con mi familia, la insatisfacción con mi vida...". Como veis, aquí de sinceridad poca, pero como a ambas partes nos importa un pepino, nos dicen bien y ya nos conformamos con eso. Pero la realidad es que las cosas en general no están bien. No vivimos bien y se nota en general que algo falla en el sistema, en la sociedad, pero sobre todo, dentro de nosotr@s mism@s. Parece que todo nos empuja a dejar de sentirnos y escucharnos a nosotr@s mism@s, a seguir unas normas que nos llevan a olvidarnos de quienes somos y a proyectar nuestra felicidad en el exterior vivimos en un sistema extremadamente consumista, siempre hay algo nuevo, algo mejor...), de forma que jamás lograremos alcanzarla. La cuestión es qué vamos a hacer al respecto... ¿qué vas a hacer tú?
Me he encontrado muchas veces con gente que venía a darme lecciones sobre temas que he estudiado y practicado desde hace muchos años, pero como ni siquiera me han preguntado al respecto, luego se han llevado la sorpresa... Ya desde que trabajaba de logopeda me encontraba con casos de esos. "Nena, que he visto en internet que lo que tiene mi hijo se puede trabajar así o asá, házselo que le irá bien", "Nena, háblale así o asá que sinó no te entiende", "Nena trabaja esto o lo otro que es lo que le conviene". Después de unas cuantas sesiones... "Ah, pues va muy bien contigo ¿eh? Yo pensaba que como eras tan jovencita...". Otras veces no se ha dado el caso de que la gente se de cuenta de su error de juicio, pero no es necesario ir demostrándole a todo el mundo que no soy lo que piensan, imaginad... ¡qué agotamiento!
Una y otra vez veo lo mismo. Las relaciones sociales funcionan mediante los juicios que hacemos con las imágenes mentales inventadas que nos creamos a cerca de las cosas, las situaciones y las personas. Y así nos va. Nos privamos de vivir muchas cosas buenas por juzgar antes de tiempo sin haber experimentado nada igual antes. ¿Cómo se puede opinar de algo que se desconoce? ¿Cómo puedo saber si algo es así o asá si no lo he probado? ¿Cómo puedo afirmar que una persona es de una forma determinada si nunca he hablado con ella o ni siquiera la he visto? ¿Por qué juzgamos compulsivamente?
Es frecuente oír a la gente cuando va a algún especialista de la salud decir, mejor con uno que sea más mayor que con uno joven. Es algo que socialmente está muy extendido y que encuentro que es peligroso. El hacer las cosas como se debe no va ligado a la edad, si bien es cierto, cuantos más años de experiencia, mayor dominio ¿pero eso quién lo valora? ¿puede juzgar una pescatera como un médico aplica las artes curativas de la medicina alopática? ¿puede un ingeniero industrial decir si una esteticista hace bien las uñas de porcelana? La cuestión es que en todos los trabajos, sean los que sean, es de vital importancia el punto de vista del que se observan las cosas. Una persona que sea capaz de ver en profundidad y trascender las meras apariencias de las circunstancias que acontecen, será mucho más eficiente en su trabajo que cualquier otra que se quede tan solo en la superficie. La experiencia se adquiere con los años, el nivel de conciencia se tiene (aunque con mucho trabajo es posible ampliarlo hasta cierto punto). Con esto quiero decir que una persona joven puede ser tan apta o mejor que una con más experiencia, según su nivel de conciencia, y darse cuenta de cosas que otr@ más experto podría pasar por alto. Por eso no es conveniente despreciar o infravalorar a las personas jóvenes, y menos hoy en día, que generación tras generación cada vez venimos pisando más fuerte con grandes potenciales y, cada vez, mayor conciencia.
Lo mismo ocurre con la espiritualidad. Queremos hacer prácticas espirituales, y como no sabemos en qué fijarnos para saber quién es un verdadero maestro, nos fiamos de las imágenes mentales que nos hemos creado de lo que es un maestro y nos agarramos a lo primero que pasa que se parece a eso que está en nuestra mente. Gente guay que viste de blanco, que hablan del amor y de la luz, que dicen que todo lo espiritual deber ser gratis, que meditan ensoñando colores y seres... Luego vienen las decepciones, porque descubrimos que aunque dicen y hacen cosas que nos gustaría que nos dijera un maestro, hay algo que no cuadra. Por la forma de actuar podremos intuir cómo es su nivel de conciencia, por la coherencia en sus palabras y actos, por cómo se comportan con los demás... Lo curioso es que los verdaderos maestros muchas veces pasan desapercibidos o son descartados por quienes juzgan con criterios rudimentarios y sin base, por parecer secos, austeros, tajantes y de pocas palabras.
En resumen, que uno de los aspectos más importantes que debemos tener al considerar la fiabilidad de una persona, es el nivel de conciencia. A mayor nivel de conciencia, mayor lucidez, mayor trascendencia. Las apariencias son sólo eso, apariencias. Hasta que algún día se realice en nosotros la visión penetrante y lleguemos a discernir, entoces sabremos lo que es y lo que no.
Internamente tengo la sensación de que aún es pronto, pero quizá algún día pueda compartir el fruto de todas las experiencias y cosas que estoy aprendiendo en el sendero del autodescubrimiento, aunque sea en un libro (¡¡¡me encantaría escribir!!!). Muchas personas, si leyeran mis aventuras, pensarían que estoy loca o que tengo mucha imaginación, pero todo eso forma parte de mi historia y de mi proceso de sanación en el que estoy completamente inmersa viviendo momentos de llanto, risa, sorpresa, decepción, desesperanza, plenitud... Es sencillo compartir todo lo que concierne al mundo físico, material, palpable. Sin embargo, al entrar en niveles más internos es más fácil divagar, errar y perder la autenticidad. Eso hace que todo se desvirtúe y acabe siendo un sucedáneo barato que no tiene nada que ver. Por eso lo llamo entrar en terrenos escabrosos :P Pero como siempre pienso, si debe ser, al final se encuentra la manera.
Gracias por leer este blog... escrito desde el corazón para que os llegue al alma ¡muaaaaaaaaaa!