viernes, 11 de octubre de 2019

Nostalgia

Es el nombre que lleva el Baladi que me ha enseñado una importante lección. 
Durante tiempo, escuchaba esta canción soñando con que algún día sería capaz de bailarla. Me imaginaba en un escenario, entrando de formas diferentes, con un vestido cada vez, me preguntaba ¿con velo o sin? ¿Y si hago doble? ¿Y con las alas de Isis? Pero no me decidía. 

Empecé a probar algunos pasos, a dejar surgir los movimientos... pero siempre acababa dando vueltas, girando y girando. Tenía la sensación de que lo único que podía hacer era girar...

Decidí sentir la música, dejar surgir la emoción y dejarme llevar por el sentimiento... pero cada vez que abría mi corazón brotaban las lágrimas y no podía dejar de llorar. Así que no podía bailar... me sentía extraña bailando y llorando a la vez.

Persistí, probé todas las combinaciones que se me ocurrieron. Y nunca encontré la forma perfecta...

Y un día que tuve que hacer una exhibición en público, me dije a mí misma "esta canción es para este momento". Y la improvisé...

Estuve serena y emocionada. Me sentía alegre, gozosa. No hice una gran coreografía, ni fui la mejor bailarina, no sucedió ningún tipo de cosa extraña o paranormal que me hiciera triunfar, pero durante todo lo que duró la pieza fui la mujer más feliz sintiéndome parte del fluir creativo de la vida, expresándome tal cual simplemente siendo lo que soy, estando donde debía estar en el momento justo, aprovechando las oportunidades únicas que ofrece el Universo.

Sentí que la nostalgia está ahí, que no viene por nada ni por nadie, que soy yo la que se sintoniza con ella... al igual que la felicidad.

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