viernes, 2 de marzo de 2018

Una aproximación a la Muerte y el Submundo

En todas las culturas y tradiciones se ha guardado respeto y mantenido un especial cuidado para preservar, tratar y cultivar el conocimiento acerca de la Muerte y lo que hay más allá de ella. Tanto es así, que forma parte de los misterios que cada estudiante espiritual debe conocer por sí mismo. Es un tema que a algunos les inquieta y preocupa, a otros les asusta, a otros tantos les puede fascinar... pero en definitiva, no deja indiferente a nadie. Indiscutiblemente forma parte de cada un@ de nosotr@s, sentimos su reflejo y sus efectos en cada una de las circunstancias de nuestra vida y de la existencia, aunque en la mayoría de los casos no los sepamos reconocer ni ver la relación.

Por desgracia es un tema que ha sido etiquetado como tabú y relegado al cajón desastre de lo prohibido. Se ha tergiversado todo el conocimiento y saber que está relacionado con los aprendizajes y el proceso que conlleva. Conocerla conduce a la realización de aspectos tales como: que la muerte tiene un papel importante y aceptarla es también aceptar la vida en su completitud tal y como es, que somos más allá del cuerpo físico, que el bien y el mal son conceptos inventados por el ser humano (amenudo para manipular y someter a otros), que los errores que cometemos únicamente son juzgados por nuestra propia conciencia y que el cielo y el infierno tal y como nos lo han contado quizá no existan o sean un tanto diferentes. El desconocimiento de la Muerte empuja al ser humano a un estado de esclavitud bajo el miedo, de constante búsqueda de remedios y milagros que le salven de pasar por ese trámite, de lucha por evitar algo ineludible. En esto han participado circunstancias y acontecimientos políticosociales vinculados y apoyados también por la religión (o, mejor dicho, eso que hacen en su nombre), escondiendo, sesgando, castrando y censurando el verdadero conocimiento que aporta luz y conforta las almas, utilizando leyes universales malinterpretadas o reinterpretadas a conveniencia para acotar toda conducta y someter voluntades, y alimentando el miedo que mantiene al pueblo alejado de la senda de la verdadera sabiduría y perpetúa el sistema fundamentado en los esclavos que obedecen los caprichos de grandes egos bajo esta manipulación.

Sin ir más lejos, la religión católica, por ejemplo, en todo su vagaje histórico ha clasificado a la muerte como algo malo y siniestro a lo que hay que temer, y si es posible, mejor evitar hablar de ello. Plantea el traspaso al otro mundo como un examen evaluado por un Dios misógino, déspota y tirano que reniega de aquellos y aquellas de sus hijos e hijas que no son tal y como "su libro" dice que tienen que ser. Es la figura de alguien que, si no cumples sus expectativas, te abandona. Pero no sólo es eso, sino que además te condena, y el castigo puede ser ir al purgatorio a reflexionar sobre tu vida o ir al infierno a sufrir torturas con seres monstruosos con cuernos, tridentes y calderas de fuego. Todo el mundo comete errores y tiene secretos, y esto hace que aparezca el miedo a ser juzgado ante alguien que "lo ve y lo sabe todo". Todos anhelamos ser amados y aceptados, y nos gustaría ir a un lugar mejor cuando acabe esta vida y descansar. De este modo ¿cómo va a querer alguien desvelar lo que es en realidad la muerte? ¿quién va a querer acordarse siquiera de la muerte?

En las mitologías antiguas, se hablaba y representaba a la muerte de diversas formas y se incluía en las enseñanzas acerca de la creación de la existencia y del desarrollo de la vida y del ser humano. Existen cartografías elaboradas de lo que hay en "el más allá", que explican el recorrido del alma una vez que el cuerpo físico muere. Es interesante apreciar como en todas ellas, a su forma, se describe el mismo proceso del alma. A ese lugar o plano del "más allá" se le suele llamar Submundo, término que refiere al reino de lo invisible. Esto abarca todo lo que hay al trascender el reino de la materia y lo que el consciente puede percibir (el inconsciente). Sin embargo, se ha hecho una traducción errónea, identificando el término Submundo con el concepto de infierno, el cual hace referencia a un lugar de eterno tormento y sufrimiento que, según lo que nos encontrarmos en la experiencia clínica con pacientes y en las mitologías, puede adoptar formas diferentes. Este error alimentado por una visión parcial e inquisitiva, ha sembrado la idea equivocada de que todo lo que no es material o no puedo percibir con mis sentidos, es demoníaco o tiene que ver con el demonio y los infiernos. Así, la misma muerte ha quedado atrapada en la sombra de esta mala interpretación, quedando como un misterio inherente a la vida que es contínuamente desterrado y rechazado por la mayoría de las personas, por miedo e ignoracia (en el sentido de desconocimiento).

Cuánto podríamos aprender si dejáramos atrás los juicios y las ideas impuestas sobre la muerte. Viviríamos libres del miedo a dejar de existir, a morir, a que se acabe la vida. Zanjar asuntos, acabar relaciones o situaciones que no conducen a nada, las despedidas o defunciones, serían acontecimientos por los que transitaríamos de forma natural, conscientes de que son parte del suceder de la vida. Posiblemente, no habría tal miedo a perder que nos enganchara a la actitud de conseguir, guardar y aferrar. Podríamos tranquilamente acercarnos a Caronte y conversar con él sobre su función y los misterios del proceso de las almas tras la muerte. Podríamos abrirnos a tener experiencia más allá de esta existencia física para redescubrirnos como conciencia que vive y es más allá de la materia. Quizá, cuando llegue la hora, nos resultaría más fácil poder despojarnos de los apegos a esta vida material y dejarnos llevar a orillas del río Estigia, hasta las puertas del Submundo, para renovarnos y habitar en el descanso de la vida eterna.

A lo largo del trabajo que llevo realizado hasta ahora he aprendido que ni mucho menos es a la muerte a quién debemos temer. Es una aliada que nos permite cortar y cesar situaciones que están en proceso de degeneración, que producen pérdidas de energía, que conllevan sufrimiento. También cuando el obstáculo es el cuerpo físico que ya no funciona debidamente, posibilita finalizar el vínculo con lo material para dar paso a una nueva vida. Por eso en muchas culturas la figura, ser o dios/diosa que se asocia a la muerte es también confortadora, porque nos libera de las cargas y alivia nuestra alma. Así pues, permitirse realizar las muertes necesarias durante la vida, nos brinda la oportunidad de deshacernos de lo que ya no nos sirve y enfocar nuestra energía en crear un espacio nuevo en el que se gesten y se desarrollen nuevos proyectos que harán nuestra vida próspera y fructífera para nosotr@s mism@s y quienes nos rodean. Y también nos asegura poder realizar el tránsito a la otra vida lo más liger@s posible. La reconciliación con la muerte es el primer paso hacia la realización de la experiencia en el Ser Eterno.



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