¿Te ha ocurrido alguna vez que llegan a tu mente pensamientos, sensaciones o imágenes de alguna situación de tu vida en la que te faltó algo por decir o por hacer? ¿Alguna vez has sentido el regusto amargo de tener algo que decir y que se extinguiera la oportunidad de hacerlo? ¿Alguna vez te callaste sentimientos, deseos, quejas, necesidades... que ahora te das cuenta de que necesitabas expresarlas y aún sientes que te gustaría hacerlo?
Todas estas preguntas hacen referencias a situaciones inconclusas de la vida. Experiencias que quedaron a medias, que captan nuestra atención a medias y no sabemos muy bien qué hacer con ellas, como libros abiertos sobre la mesa que nunca tenemos tiempo de leer pero que tampoco los cerramos y guardamos en el lugar que les corresponde. Nos inquietan y nos mantienen en un sinvivir alejado del presente, en realidades hipotéticas de lo que pudo ser o me hubiese gustado, sufriendo en desespero, anhelando... desgastándonos de forma inútil, sin conseguir nada más que alimentar ese dolor.
Existe el anhelo de acabar con algo que ya pasó, nuestro verdadero Ser lo pide, lo reclama y exige por derecho propio. Quizá si lo hubiéramos escuchado, nos podríamos haber ahorrado toda esa pérdida de energía que nos quita de estar plenamente en este instante.
Si la persona o personas con las que quedaron asuntos pendientes están vivas, existe la esperanza de hablar de nuevo o de volverlas a encontrar para zanjar el tema. A veces es cuestión de tiempo que la vida vuelva a juntar a los implicados para resolver el conflicto o aclarar o compensar la situación. Otras veces es posible que, por mucho que nos empeñemos, la otra parte no quiera saber nada o que no encuentren necesario hablar o resolver nada y que sea simplemente algo que tiene que ver con un@ mism@; aquí es importante respetar esa decisión y aceptar que es un aspecto íntimo a trabajar y resolver en un@mism@ (con un@ terapeuta debidamente formad@ a ser posible).
Si fallecieron, la cosa es un poco más complicada, pero se puede resolver. En el trabajo con la Terapia de Expansión de Conciencia, es posible concluir las experiencias abiertas, los asuntos pendientes, que pesan y presionan desde el inconsciente y se manifiestan en la vida cotidiana. La cuestión es rescatar las sensaciones y darles salida, poniendo de nuevo ante el paciente la situación oportuna para que haga lo que necesite hacer. De esta forma, también es liberada la conciencia de la o las personas que murieron a la par que la energía de dicha persona atrapada mediante la atención en esa experiencia. Pero indiscutiblemente, es preferible hacerlo todo en vida y, si es en el instante en el que acontece, mucho mejor.
Así pues, cerrar temas nos ayuda a tener nuestra energía a punto en cada intante y a estar presentes. Es algo que contribuye a sentirnos fuertes, en equilibrio y en paz con nosotr@s y la vida. Y también, llegado el momento de nuestra muerte hará que el tránsito sea más fácil. Acabar, concluir, cerrar, significa también aceptar e integrar. Es, en esencia, morir.
Por eso, antes de abandonar este mundo, arregla tus asuntos, cierra los temas pendientes, retira el velo de lo que ocultaste, confiésate contigo mism@ y con tus seres amados si lo necesitas, (también los secretos son un lastre). Es la forma más sana y amorosa de soltar amarras pata tener una partida calma y serena. Esto constituye una de las claves para prepararse hacia una buena muerte. Resolver los asuntos pendientes para emprender el viaje ligeros de cargas. La muerte es el aliado que nos recuerda la importancia de soltar para tener un verdadero comienzo.
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