Vivimos en unos tiempos raros, extraños. La gente va estresada, a un ritmo frenético y descontrolado con la sensación de que no se puede parar. Buscan respuestas rápidas que les solucionen la vida y no se dan tiempo para reflexionar, para descansar, para sentirse... Y es agotador...
El dicho dice que no hay más ciego que el que no quiere ver, y yo añado, ni más sordo que el que no quiere escuchar... llevamos tiempo haciendo conferencias, ofreciendo sesiones por la voluntad, haciendo publi en ferias y mercados, y no es que todo siga igual... pero la gente sigue esclavizada en su rutina, incapaz de abandonar por un instante el camino marcado por un modelo de sociedad impuesta que lleva al olvido de lo que somos en realidad. Si nos detenemos a observar el comportamiento de las personas, en breve, nos daremos cuenta de que viven como autómatas, hacen las cosas porque toca hacerlas y evitan por todos los medios sentirse (qué necesitan , a qué aspiran, qué sentido tiene su vida y qué propósito...).
Siento mucha nostalgia del tiempo en que se podía hablar y compartir con otras personas sobre sentimientos, pesares, alegrías y aspiraciones. Añoro sentir la hermandad de los hermanos del alma acompañándonos en nuestro camino, en el trabajo de nuestra alma. Echo de menos abrir el corazón y sentir cómo resuena en los demás y a todo mi alrededor. ¡Qué soledad en medio de tanta gente! Me entristece ver como no somos capaces de reconocernos, de mirarnos y atravesar la fachada de las apariencias y juzgamos... una y otra vez juzgamos duramente... y enterramos aún más nuestra naturaleza de unidad.
En ocasiones me embarga la melancolía y me pregunto muchas veces sobre el sentido de mi elección de seguir el impulso de mi alma. Me cuestiono muchas veces cuál es mi función, para qué sirvo, si todo lo que he aprendido no lo puedo poner en práctica. Me siento perdida y a la espera de que aparezca un buen día clara la respuesta y pueda poner fin a esta etapa de incertidumbre. Muchas veces evito hablar con la gente, no me apetece ver a nadie e incluso me irrita ver el comportamiento de todos en general. Subyace en mí la necesidad de que me vean... ahora supongo que es porque yo no puedo verme a mí misma y necesito que alguien lo haga por mí y me lo cuente... necesito creer que todo esto tiene sentido y que hay un lugar para mí en el que pueda realizarme y compartir la realización con otr@s.
Siento nostalgia del tiempo en que era feliz con mi trabajo, me sentía útil y en el lugar adecuado. Veía felices a mis pacientes y a sus familiares y acompañantes. El gozo en mí era máximo en cada actividad, en cada sesión, en cada instante realizándome en la práctica. Era mágico sentir el fluir de los acontecimientos, de forma natural sabía qué hacer en cada momento y me surgían de forma espontánea formas hábiles de comunicarme y de llegar a cada un@ ell@s. Y todo eso se esfumó... acabaron aquellos días y debo desapegarme de esos recuerdos para poder abrirme a la nueva etapa que se está gestando. ¡Pero Dios mío, qué incertidumbre, qué pesar y qué desesperación por momentos!
Espero poder decir, muy muy pronto, por fin lo veo...
No hay comentarios:
Publicar un comentario