martes, 27 de septiembre de 2016

La traición

A medida que voy avanzando en el proceso del trabajo del alma, voy reconociendo y recogiendo pequeños fragmentos de mí que quedaron atrapados en experiencias, pensamientos, sensaciones, sentimientos, ideas o creencias; haciéndome cada vez más completa y ampliando la perspectiva de la visión de la vida/muerte y la existencia.

Hay trabajos que resultan más trascendentes y reveladores, son los que tocan las piedras angulares de las tareas o temas pendientes que cada uno tiene para, como mínimo, la actual encarnación.

Hace poco, creo haber hallado una de las mías. En estas circunstancias, más que piedra angular la llamaría hueso duro de roer, puesto que parece que es un aspecto muy arraigado en mí y que llevo tiempo tratando de afrontar y disolver. Como habrás intuido por el título de este post, se trata de la traición.



La Traición


Cuando la sensación de ser traicionad@ impregna el ser todo se ve a través de ese filtro. Cualquier detalle, por pequeño e insignificante que sea, despierta la suspicacia y la sospecha de la presencia de la sombra de la traición. Eso provoca que suenen las alarmas y que se desplieguen los mecanismos de defensa antitraición. Parece que cualquier medida es poca cosa y a veces se llega a extremos tremendamente absurdos, aunque inconscientes, que condicionan de forma dolorosa a quién la sufre.

Al final, un@ mism@ se acaba convirtiendo en una víctima de sí mism@, condicionándose en su actuar para evitar una traición o sus consecuencias para no tener que pasar por ese dolor. Cuando la persona se blinda en un intento de protegerse, es posible que llegue a quedarse en un encierro que le aisle de sus seres queridos, de la sociedad, de la vida misma... y en consecuencia de la felicidad.

Vivir en el condicionamiento de la traición significa no descansar, estar siempre alerta buscando posibles indicios de traición, sospechar de todo el mundo, especialmente de las personas que más quieres porque son las que más daño pueden hacerte... Eso es agotador, desgasta la energía hasta tal punto que la vida se convierte en un puro infierno de sufrimiento sin salida, es una lucha contra un@ mism@ en la que las defensas creadas acaban forjando las paredes de la cárcel de la propia mente.

Estoy tratando de sentir la traición plenamente para comprenderla, observando qué movimientos se dan en mí cuando aparece. Me he dado cuenta de que la traición, el miedo a ser traicionad@, surge del Yo, del Ego. El Yo es el que siempre pretende mantener una imagen, es el que delimita y mantiene a raya, el que necesita luchar para sobrevivir, es el que espera cierta actitud de los demás (la fidelidad, el respeto, el silencio, la discreción...).

Una vez viví una fuerte situación de traición, fruto de la inocencia y la inexperiencia en las relaciones. Mi intuición me hizo sospechar, pero mi mente estaba segura de que eso no podía ser, engañar está mal. Al poco tiempo, la ilusión ya no se sostenía y el engaño salió a la luz. Me invadió la sensación de traición y humillación. Me sentí morir por dentro, un dolor desgarrador en mi ser que acabó con mi ilusión y mi alegría. Desde entonces entré en la amargura y la desconfianza hacia los demás, esperando siempre que algo malo sucediera tras cada acontecimiento positivo que me brindaba la vida. Como si el engaño habitara en las cosas buenas y esperara a que estuviera disfrutando la mejor parte para salir, sorprenderme y volverme a destrozar.

Así, me doy cuenta de que vivo la sensación de traición como un peligro de muerte. Quizá sea porque siento que cuando alguien miente o traiciona, eso conlleva un cambio en la relación y en los implicados, y el cambio, es muerte. La traición recuerda que no somos poseedor@s de nada ni de nadie y que todo es cambiante, en cualquier momento puede suceder algo que cambie la situación y el Yo ante eso no puede hacer nada, no lo puede controlar. Esto es tremendamente aterrador para un Ego, no-controlar, soltar, cambiar, morir...

En las reflexiones de hoy extraigo un aprendizaje, un@ se siente traicionado cuando las cosas no se mantienen como cree que deberían, cuando surgen cambios inesperados, cuando cree que lo bueno y lo malo es lo mismo para todo el mundo, en definitiva, cuando hace las cosas fijas. Esto va en contraposición con la naturaleza fluídica de la vida que es cambio constante. Por lo tanto, implica la necesidad de aceptar la impermanencia de todo (personas, cosas, circunstancias...) y de soltar los apegos, especialmente de soltar al Yo, para imbuirse de lleno en la vida, disfrutando la felicidad que ello comporta.

miércoles, 21 de septiembre de 2016

La herejía


Leyendo a cerca de trabajos de autores que han dedicado sus esfuerzos a reconstruir parte de la historia europea desde la perspectiva cultural y religiosa, he encontrado este fragmento.



En nombre de las creencias, de la religión y de las rigideces mentales del hombre se han cometido las más grandes atrocidades: persecuciones, asesinatos, genocidios, torturas, violaciones...

Muchas personas dieron su vida por algo que sentían y creían que es legítimo, que cada uno escoja su camino, sus creencias, sus dioses... Celebraban la unión amorosa de lo masculino y lo femenino y veían lo sagrado en todas partes, en todas las criaturas, en toda la creación. En un intento de acallar estas tradiciones que aceptaban y respetaban los demás cultos, se destruyeron documentos importantes y parte del legado de unas culturas que hoy en día a penas conocemos pero que viven latentes en nuestro ser. 

Es la eterna pugna por someter al que piensa y/o siente diferente, al que sigue los anhelos de su corazón y de su alma. Porque aquellos que no se atreven a emprender este camino, ven peligrosos a quienes no tienen miedo a morir (ya no sólo físicamente, sino a dejar lo que fueron para ser lo que son y siempre han sido) porque no los pueden someter ni manipular.

El mal uso de la religión ha llevado a perder de vista el objetivo de ésta y, en consecuencia, a ignorarlo por completo. De esta forma, se ha convertido en una herramienta de manipulación y sometimiento de masas de gente a la que se le mantiene en la ignorancia alejada del veradero sendero religioso. Así se crean los seguidores aférrimos, los extremistas, todos aquellos que siguen sin comprender ni discernir, sin saber cuál es el significado y las impicaciones de lo que están haciendo, y también de la vida misma. Se creó lo opuesto de lo que se pretendía, pasando de ver a la creación como un todo, el cuerpo sagrado del cual formamos parte (personas, animales, bosques, cielo, mar...); a la creación de una barrera que separa a los sacerdotes (referente religioso) del pueblo a través de la idea de poseer la exclusividad de ser el único medio de contactar con la divinidad, como si fuera algo externo y ajeno a las personas, y creando tabúes como el sexo, la feminidad, la muerte...

Actualmente continuamos en la lucha por conseguir esa libertad anhelada de poder elegir, de poder seguir el camino hacia lo que realmente somos, que no es otra cosa que darse cuenta y realizar que lo que somos lo somos ya y siempre lo hemos sido. Hoy podemos elegir, la tarea está en saber discernir lo que es de lo que no es sin caer en las trampas de la ilusión de lo que es espiritual y en no perder de vista el objetivo.

miércoles, 7 de septiembre de 2016

Los juicios

No me juzgues. Nada bueno puede salir de ello. Cada vez que de tu boca sale un chisme, una crítica o un juicio, estás hablando tan solo de ti mism@, de tus errores, de tus carencias, de tus miserias, quizá también de tu vacío y de tu insatisfacción respecto a la vida. Todo eso que en ti mism@ no eres capaz de ver lo proyectas en lo que te rodea.

No me juzgues, ni siquiera en pensamiento. Pues de esa forma tu mente alimenta la fantasía de ser perfectamente superior a lo demás y se piensa que está contemplando algo externo que no merece ningún respeto. De ser de otra manera, serías consciente de que no puedes percibir nada que esté fuera de ti, todo y todos somos aspectos de tu propia mente, que si respetaras lo más mínimo entenderías que es absurdo criticar pues tu visión no es total y completa.

Los juicios conllevan un posicionamiento respecto a lo juzgado. Desde las alturas veo que eres inferior, pobre infeliz... Y si observamos esto detenidamente, nos podemos preguntar ¿Quién es el que juzga? ¿Qué parte de mí es la que se siente superior? ¿De dónde surge esa actitud?

Las etiquetas y los comentarios que encasillan puede hacer mucho daño en esta sociedad porque lamentablemente la mayoría de la gente sigue funcionando a través del ego. Es como ver un ir y venir de ciegos que siguen a tuertos que dicen estar en posesión de la perspectiva y el conocimiento global. La gente genera opiniones personales a cerca de todo y se construyen sus propias imágenes mentales, que no son más que ilusiones forjadas mediante la información que les llega a través de sus empañados filtros de percepción. Así pues, podemos comprobar después que lo que dicen de tal u otra persona poco se ajusta a la realidad.

Este tipo de actitud está muy extendido, y lo peor es que la gente que más critica se cree en posesión de la verdad y privan a otr@s de ver por sí mism@s. ¡Comprueba, experimenta, siente, observa... plenamente! Pero siempre por ti mism@, ten tu experienca en carne propia y no necesitarás la opinión de terceras personas. Investiga, no te quedes con sucedáneos que aumentan la distorsión de la percepción de la realidad.

A lo largo de mi vida, en diferentes etapas, he ido topándome con personas de esas a las que les gusta ir de que conocen a la gente. Sin saber nada de mí me han endosado etiquetas y las han popularizado entre la gente conocida ¿y qué ha ocurrido? pues que cuando se han confrontado con la realidad han visto que no les cuadraba y se han enfadado. En el fondo el enfado es consigomism@s porque lo que había en su mente no se corresponde con la realidad, y eso poco tiene que ver conmigo.

Si aprendiéramos a funcionar más allá de las categorías, si desarrolláramos más la capacidad de observación, podríamos empezar a ver con mayor profundidad y a tomar cada uno la propia responsabilidad de su vida y su área de influencia. Un comienzo de respeto y amor por un@ mism@ y por toda la existencia.



sábado, 3 de septiembre de 2016

Un nuevo descubrimiento

Me he dado cuenta de algo nuevo sobre mí que quizá sea algo común en la mayoría de seres humanos, si no en todos. 

Esta noche apenas he podido dormir, he estado bastante rato en duermevela, ese estado en el que no se está durmiendo pero tampoco completamente despiert@. El censor de la mente parece haberse relajado y las imágenes y la información del inconsciente fluyen libremente.

De repente he sentido que muchas cosas que en mi vida no me he atrevido a hacer o que he reprimido vienen de un oscuro y profundo miedo. La imagen es de estar contenida dentro de un avatar acorazado que protege al mundo de algo feroz, temible y oscuro que mora en mi interior.

Me he dado cuenta de que tengo miedo de mirar directamente a lo primigenio que mora en lo más profundo y recóndito de mi interior, tengo miedo de ver y reconocer cuál es mi verdadera naturaleza más allá de los condicionamientos y añadidos. He descubierto que es mi ego el que se asusta, juzga y e imagina esta parte interna como un monstruo desbocado y sin moral fuera de control que podría salir y realizar graves destrozos dañando a las personas de mi alrededor, y por tanto se esfuerza por impedir que se manifieste y, en consecuecia, también por reprimir lo que verdaderamente soy.

Ahora lo estoy viendo claro. Los impedimentos jamás fueron externos, todo viene de los mecanismos de defensa de mi propia mente. La ineficacia de las estrategias defensivas la personalidad me ha llevado a automutilar parte de mi Ser, creando la ilusión de que la causa es ajena, externa, y que nada puedo hacer al respecto.

Siento a la vez el miedo y la euforia de estar al borde de un precipicio. El miedo viene por la incertidumbre, el no saber, la mente personal no puede alcanzar lo que va más allá de ella hacia lo profundo. La euforia es la profunda e inmutable certeza de saber en mi interior que el gozo y la alegría aguardan tras el salto al vacío. Este es el abismo del "dejar de ser algo o alguien" para simplemente Ser en cada instante, tal cual... y ahí, no cabe el miedo. 

Entonces... ¿saltamos?

De nuevo por aquí

Hace meses que escribí un post que me apetecía mucho compartir sobre el trabajo terapéutico y la llamada espiritualidad femenina, tras ver por las redes sociales comentarios que se van publicando a menudo, escuchar conversaciones varias y observar las diferencias entre lo que se dice y lo que se hace y los resultados que esto tiene en la salud y el plano físico. Pero no lo he publicado porque sé que generaría polémica, o cuanto menos, desagradaría a unos cuantos egos con túnica. Aún así, no descarto la posibilidad de subirlo un día si todo continúa igual, que lo hará, e incluso me atrevo a decir que la cosa irá a peor, quizá escriba un libro sobre ello porque confío en que a alguien le podrá ayudar a arrojar luz sobre este asunto que en ocasiones resulta turbio de la gran confusión que genera en las mentes femeninas.

Ya casi he terminado mi primer ciclo de entrenamiento lunar, y en todo este tiempo estoy descubriendo un montón de cosas que para la gente pasan inadvertidas. Estoy valorando mucho la sutilidad del trabajo interno y me estoy dando cuenta de las aberraciones y los errores que se están cometiendo por falta de práctica e instrucción adecuada. Lo frágil de la mente, lo delicado de trabajar con el inconsciente, la fuerza y la gran influencia de los arquetipos sobre los seres humanos comunes, la importancia de llevar un entrenamiento espiritual con una base y un acompañamiento adecuados, la fluidez con la que se mueven las energías al armonizarse con los ciclos... Todo esto no es un juego de niños, un error en las estructuras internas puede crear daños profundos difícilmente reparables en la actual existencia. Así pues, es importante estar segur@s de lo que tenemos entre manos y de lo que estamos haciendo.

Por mi parte, estoy muy contenta con el trabajo que estoy realizando, tengo la suerte de poder contar con dos profesionales que llevan muchos años con el estudio y la práctica de las tradiciones y cada día con ellos es como viajar a las puertas de la sabiduría universal, donde parten los caminos hacia todas partes, infinitas posibilidades y todo es posible. Me gustaría poder compartir los beneficios de todo lo que estoy aprendiendo (y recordando) con quienes de una forma sincera queráis acercaros a la Antigua Sabiduría y al camino hacia el Despertar de la Conciencia.

Por el momento os diré que no os dejéis llevar por los arrebatos repentinos, dejad que vuestro corazón os guíe en la compañía de verdaderos profesionales con instrucción adecuada. En los mundos internos ocurre algo similar a lo que les pasa a los árboles jóvenes, si no se les pone guía adecuada cuando empiezan a torcerse, los daños pueden afectar al crecimiento durante el resto de la existencia con una desviación que impedirá llegar adonde se pretende.


Un abrazo,


Anna

jueves, 21 de enero de 2016

La muerte, la vida

A veces siento que vivo para la muerte. Siento que todo lo que veo, lo que huelo, lo que toco, lo que escucho, lo que saboreo, es para comprender y aprender la muerte. Desde hace mucho tiempo me atrae este tema, lo encuentro tremendamente bello, poético y mágico a la vez. Una vez se empieza a trabajar sobre la muerte, todos esos clichés de tema tétrico y morboso desaparecen. He experimentado en mí misma que cuanto más sé acerca de la muerte, más viva me siento. Mi alma vibra de alivio y sosiego al empezar a comprender un misterio que es inherente a la naturaleza de la mente humana. Y esto especialmente es lo que me motiva a aspirar a acompañar a otras personas en sus procesos de muerte, ya sea de su cuerpo físico o en diferentes etapas de la vida que conllevan un proceso de muerte en cualquiera de los niveles del Ser.

Nos aterra sentir nuestra finitud y la de las personas, animales o cosas que amamos, pero es tremendamente renovador aceptarla y animarnos a disfrutarlos todo lo posible cada segundo, porque eso es lo mejor que podemos hacer, permanecer presentes en este instante y sacar el máximo partido de cada experiencia. Más allá de este momento no hay nada...

Cada instante es un maestro, cada momento cuenta, pero no puede hacerse consciente si lo anterior no se suelta. ¿Y qué es soltar? ¿Cómo se hace? ... ¡muriendo!

Hay que aprender a morir, esa es la única forma de aprender a vivir. Cada instante es inatrapable en sí mismo. Si intentamos hacerlo fijo nos quedamos atrapad@s en un sufrimiento sin fin, inútil, que no nos permite vivir lo pasado ni tampoco lo presente. Es intentar acogerse a algo que ya no está, que pasó, que es tan sólo una ilusión de la mente.

¿Adónde va el tiempo que hemos pasado? ¿Dónde están esos momentos de bellos recuerdos? ¿Qué ha pasado con ellos, por qué no puedo hacerlos perpetuos? Cuando experimentamos momentos de gozo, alegría, amor, nos gustaría alargarlos en el tiempo, que no acabaran nunca. Ese mismo afán, el hecho de que aparezca en nuestra mente la idea de que eso puede terminar y la resistencia a que se acabe, hacen que surja en nosotros un dolor. Ese dolor, que en definitiva es algo inevitable, alargado en el tiempo se convierte en sufrimiento, que aparece al chocar con la realidad que hace evidente que aquello ya no está. Este sufrimiento se podría tomar como síntoma de que nos estamos aferrando a algo, de que estamos tratando de impedir que algo siga su curso, nos estamos oponiendo a la impermanencia. Es necesario observar esto. ¿A qué me estoy aferrando? ¿Qué estoy tratando de impedir, a qué me resisto?

La vida es el libre fluir del Todo, el Todo en movimiento. En este Todo estamos incluidos todos los seres, la creación, lo manifestado, etc. Si obstruimos el fluir de la vida ¿qué estamos haciendo realmente?

La muerte es un proceso que comprende dejar que algo acabe para que pueda haber un nuevo inicio. Del mismo modo que un espacio que está ocupado no puede ser rellenado, nuestra mente no puede procesar el instante presente si está fijada en algo pasado o proyectando en el futuro. Estar presente significa que la mente está plenamente en este instante siendo testigo de lo que ocurre ahora. Significa que en este momento somos la pura presencia que somos, simplemente siendo. 

Los seres humanos tenemos un magnífico potencial, asombrosas capacidades que podemos llegar a desarrollar. Forman parte de nuestra labor en este tipo de existencia, entre ellas, dejar que la vida fluya a través de nosotros y actuar simplemente como meros observadores, administradores y coocreadores. 

Yendo más allá... realmente ¿qué está vivo y qué está muerto? ¿quién o qué vive y quién o qué muere? Depende del punto de vista desde el cual se contemple se puede considerar que nacemos a esta vida en el parto, ¿pero no está vivo el bebé en el vientre de su madre? Y morimos cuando el cuerpo físico deja de funcionar y se para. Entonces ¿sólo somos cuerpo físico? ¿Adónde van las emociones, los pensamientos, las sensaciones, los deseos... que  moraban en ese cuerpo? ¿Todo esto anterior es lo que somos, a eso se reduce el ser humano?

Estas reflexiones nos conducen a una gran pregunta: entonces... ¿quién soy yo? ¿qué soy yo?

viernes, 15 de enero de 2016

Llamamiento a la reflexión, l@s adolescentes

Ya hace tiempo que me llama la atención el comportamiento de muchos chicos y chicas jovencitos, preadolescentes y adolescentes. Actualmente no tengo demasiado trato con personas con estas edades, pero l@s veo por la calle y en diferentes lugares de ocio, y hay cosas que ellos y ellas reflejan de los adultos que deberían servirnos para reflexionar. 

En concreto, me refiero al tipo de estereotipos y de información errónea que les llega a cerca de los roles masculino y femenino, del papel de hombre y el de mujer, del concepto de poder y fuerza, de la belleza, del éxito, del significado y el sentido de la vida...

Sólo hay que echar un vistazo a las chicas que salen por la tele: cómo visten, cómo hablan, cómo se comportan, qué motivo hace que salgan en los medios de comunciación y se hable de ellas... Si se mira fríamente, en la mayoría de los casos, es verdaderamente lamentable. Se está fomentando un modelo de mujer preocupada por su imagen sujeta a arreglos estéticos, con un físico determinado que casi siempre tiene que ver con grandes pechos y cuerpo delgado, con ropa que casi no deja nada a la imaginación, con nivel intelectual y académico bastante justito, y modales que van de choni a barriobajera.

Es frecuente ahora ver o escuchar noticias a cerca de cantantes y/o actores y actrices que protagonizan escándalos públicos, sexuales, tráfico, fiestas, alcohol, drogas, etc. con el objetivo de conseguir la atención de los medios y del público en general. Sin embargo, secundariamente, están influenciando en todas esas personas que les admiran, especialmente en las preadolescentes y adolescentes que sueñan con ser como ellos/ellas. 

Se ven muchas chiquitas pintadas como puertas, muchas veces se maquillan en el tren o en el metro, con piezas de ropa que parecen ser unas cuantas tallas menos de las que les tocaría: tops minúsculos, shorts que no alcanzan a tapar las nalgas, minifaldas tamaño cinturón, pantalones de talle bajo por los cuales sobresale el hilo del tanga... Ellas se ven guapas, se ven mayores e intentan parecerse a esas cantantes, artistas o actrices que admiran. Tienen un montón de ilusiones y toda la vida por delante, y las hormonas están en plena ebullición. A menudo parece como si su inocencia les privara de ver cualquier tipo de peligro o consecuencia negativa de sus actos. Tan solo quieren disfrutar el momento y pasarlo bien ¡y es lógico! Es una etapa muy importante y a la vez delicada, porque es cuando se moldea la personalidad, cuando cada uno/a debe encontrarse a sí mismo/a, saber qué cosas le gustan y cuáles no, qué cosas necesita, cuáles son sus aspiraciones o verdaderos deseos y para ello es necesario experimentar. Hay quienes buscan los límites en las normas de los adultos y de la sociedad, y otros/as optan por intentar encarnar el prototipo de persona ejemplar sin cuestionar la validez de los varemos que se utilizan para calificar bueno/malo. Y lastimablemente muchos se dejan llevar por lo que ven en sus ídolos, por esa admiración a la rebeldía y al inconformismo que tanto caracteriza también a la adolescencia.

En fin, lo que veo realmente preocupante no son los adolescentes en sí, sino lo que nos concierne a los adultos. Seamos padres o no, somos contribuyentes a la conformación de esta sociedad y deberíamos preguntarnos de qué forma lo estamos haciendo ¿Qué tipo de educación estamos transmitiendo a las generaciones venideras? ¿Qué modelo o ejemplo estoy proyectando a los y las más jóvenes? Dejemos de culpar a l@s adolescentes y empecemos a ver en perspectiva. La gente se queja de que la tele es un asco, de que todo es consumismo, de que en el trabajo le aprietan cada vez más... pero sin embargo siguen enganchados a la rueda y continúan con la inercia del "es lo que hay". Tomemos las riendas de nuestra propia vida, cambiemos aquello que esta en nuestra mano hacer de forma diferente, ayudemos a quienes vienen detrás a ver que no hay normas ni personas que puedan definir lo que realmente somos, que eso es algo que cada un@ debe descubrir por sí mismo.

Debemos preguntarnos qué opinamos nosotras sobre el hecho de ser mujer, sobre la menstruación, sobre el propio cuerpo, sobre el poder y la fuerza femenina, sobre nuestros derechos... Y los hombres también, ¡por supuesto! ¿Qué opináis de las mujeres? ¿de la menstruación y del cuerpo femenino? ¿de la fuerza femenina? ¿de los derechos de la mujer?

Por otro lado, nosotras también deberíamos reflexionar sobre los hombres ¿qué sentimos hacia ellos? ¿cómo los vemos? ¿cuál es el verdadero poder masculino? ¿qué admiramos y qué detestamos de ellos? Y a la vez, los hombres deberíais reflexionar sobre la masculinidad, cómo lleváis el hecho de ser hombre (cosas positivas y negativas), las dificultades y los retos que os encontráis, los miedos y las dudas...

Preguntémonos después de estas reflexiones si con las contestaciones que hemos dado podemos aportar algo positivo a la educación de las siguientes generaciones. ¿Qué podemos aconsejarles? ¿Cómo podemos ayudarles a que no caigan en los moldes impuestos por el marketing y este sistema consumista? ¿Cómo ayudarles a darse cuenta de que lo mejor es que sean ellos mismos y ellas mismas, y que eso empieza por conocerse y amarse? 

Debería ser algo obligatorio en la enseñanza que desde niñ@s aprendiéramos a amar nuestro cuerpo y a valorarlo. Con esto quiero decir, que es muy importante aprender a respetarse a un@ mism@ y a los demás no sólo por la forma o el color, sino también por el uso que se le de y en cuanto a las necesidades que cada uno tenga. Que cada persona pueda elegir conscientemente cómo usa su cuerpo y de qué forma, y cómo, cuándo y con quién lo quiere disfrutar (si es que es eso lo que quiere). Conocer el cuerpo no debería limitarse al conocimiento puramente anatómico y fisiológico. En organismo es un vehículo que nos permite tener un tipo concreto de existencia, nos permite relacionarnos con el entorno, experimentar sensaciones que sobrepasan en nivel físico. Es un templo que deberíamos aprovechar al máximo y cuidar como si de un templo se tratara, pues en él habita lo más sagrado de nosotr@s. Permitir que alguien maneje nuestro cuerpo sin consentimiento o a la fuerza es atentar contra un@ mism@, es una forma de entregar el propio poder a otra persona y eso nos convierte en víctimas y dependientes de lo que hagan los demás.

Es lamentable que hoy en día una imagen de un útero o un cartel de sanación femenina sea objeto de burla de chavales que se dedican a hacer comentarios peyorativos sobre las mujeres, los ciclos y la sexualidad femenina. Precisamente este hecho ha sido el que  me ha impulsado para escribir estas líneas. Por favor... reflexionemos y compartamos con ell@s, quizá nos sorprendamos.

Un saludo...

Anna