A medida que voy avanzando en el proceso del trabajo del alma, voy reconociendo y recogiendo pequeños fragmentos de mí que quedaron atrapados en experiencias, pensamientos, sensaciones, sentimientos, ideas o creencias; haciéndome cada vez más completa y ampliando la perspectiva de la visión de la vida/muerte y la existencia.
Hay trabajos que resultan más trascendentes y reveladores, son los que tocan las piedras angulares de las tareas o temas pendientes que cada uno tiene para, como mínimo, la actual encarnación.
Hace poco, creo haber hallado una de las mías. En estas circunstancias, más que piedra angular la llamaría hueso duro de roer, puesto que parece que es un aspecto muy arraigado en mí y que llevo tiempo tratando de afrontar y disolver. Como habrás intuido por el título de este post, se trata de la traición.
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| La Traición |
Cuando la sensación de ser traicionad@ impregna el ser todo se ve a través de ese filtro. Cualquier detalle, por pequeño e insignificante que sea, despierta la suspicacia y la sospecha de la presencia de la sombra de la traición. Eso provoca que suenen las alarmas y que se desplieguen los mecanismos de defensa antitraición. Parece que cualquier medida es poca cosa y a veces se llega a extremos tremendamente absurdos, aunque inconscientes, que condicionan de forma dolorosa a quién la sufre.
Al final, un@ mism@ se acaba convirtiendo en una víctima de sí mism@, condicionándose en su actuar para evitar una traición o sus consecuencias para no tener que pasar por ese dolor. Cuando la persona se blinda en un intento de protegerse, es posible que llegue a quedarse en un encierro que le aisle de sus seres queridos, de la sociedad, de la vida misma... y en consecuencia de la felicidad.
Vivir en el condicionamiento de la traición significa no descansar, estar siempre alerta buscando posibles indicios de traición, sospechar de todo el mundo, especialmente de las personas que más quieres porque son las que más daño pueden hacerte... Eso es agotador, desgasta la energía hasta tal punto que la vida se convierte en un puro infierno de sufrimiento sin salida, es una lucha contra un@ mism@ en la que las defensas creadas acaban forjando las paredes de la cárcel de la propia mente.
Estoy tratando de sentir la traición plenamente para comprenderla, observando qué movimientos se dan en mí cuando aparece. Me he dado cuenta de que la traición, el miedo a ser traicionad@, surge del Yo, del Ego. El Yo es el que siempre pretende mantener una imagen, es el que delimita y mantiene a raya, el que necesita luchar para sobrevivir, es el que espera cierta actitud de los demás (la fidelidad, el respeto, el silencio, la discreción...).
Una vez viví una fuerte situación de traición, fruto de la inocencia y la inexperiencia en las relaciones. Mi intuición me hizo sospechar, pero mi mente estaba segura de que eso no podía ser, engañar está mal. Al poco tiempo, la ilusión ya no se sostenía y el engaño salió a la luz. Me invadió la sensación de traición y humillación. Me sentí morir por dentro, un dolor desgarrador en mi ser que acabó con mi ilusión y mi alegría. Desde entonces entré en la amargura y la desconfianza hacia los demás, esperando siempre que algo malo sucediera tras cada acontecimiento positivo que me brindaba la vida. Como si el engaño habitara en las cosas buenas y esperara a que estuviera disfrutando la mejor parte para salir, sorprenderme y volverme a destrozar.
Así, me doy cuenta de que vivo la sensación de traición como un peligro de muerte. Quizá sea porque siento que cuando alguien miente o traiciona, eso conlleva un cambio en la relación y en los implicados, y el cambio, es muerte. La traición recuerda que no somos poseedor@s de nada ni de nadie y que todo es cambiante, en cualquier momento puede suceder algo que cambie la situación y el Yo ante eso no puede hacer nada, no lo puede controlar. Esto es tremendamente aterrador para un Ego, no-controlar, soltar, cambiar, morir...
En las reflexiones de hoy extraigo un aprendizaje, un@ se siente traicionado cuando las cosas no se mantienen como cree que deberían, cuando surgen cambios inesperados, cuando cree que lo bueno y lo malo es lo mismo para todo el mundo, en definitiva, cuando hace las cosas fijas. Esto va en contraposición con la naturaleza fluídica de la vida que es cambio constante. Por lo tanto, implica la necesidad de aceptar la impermanencia de todo (personas, cosas, circunstancias...) y de soltar los apegos, especialmente de soltar al Yo, para imbuirse de lleno en la vida, disfrutando la felicidad que ello comporta.

