jueves, 3 de septiembre de 2020

Tras la partida



Fui acariciada por tu Amor y la vida despertó en mi interior, como la Tierra cuando llega la primavera.

Y ahora el Silencio de tu ausencia, me vuelve yerma, triste y fría. En la Soledad de un mundo que decae y se oscurece día a día.

¿Volverás, mi Amor, a sonreírme un día? ¿Veré de nuevo el brillo del Amor en tu mirada? ¿Podré sentir tu calor y tu fuerza resurgir con pasión por la fuerza del Amor?

Qué dolor me hiere hoy, mi Amor, desde que te fuiste algo empezó a morir en mi interior. La sonrisa se apaga y mis colores se mustian en la oscuridad de los días que van menguando. Oh, Señor de mi corazón, Rey de mi Vida, qué tristeza tan grande dejas a tu partida... el mundo se viste de luto y llora tu pérdida.

Camino sola por la faz de la Tierra, y encuentro tu reflejo en todo lo que me rodea. Te veo en las aguas vivas y tranquilas, te oigo y te siento en el viento que me estremece acariciando suavemente mi pelo y mi cara, te admiro en el cielo y en el sol hallo la calidez y el brillo de tu mirada. Oh, mi Amor, todo me recuerda a ti. En medio de esta melancolía tu ausencia es la eternidad de un vacío en el que me doy cuenta de que no soy sin ti y no eres sin mí. Y mi Ser te llama para que vuelvas y seamos, te habla en susurros, te sueña y te suspira para que tomes cuerpo y volvamos a la Vida.

Oh, mi Señor, usaré la llama del deseo para transformar la oscuridad en sustrato creativo, atraerte de nuevo a mi lado y forjar juntos nuestros sueños de Amor infinito.

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