Sentirse sol@, abandonad@, incomprendid@, a parte... es algo más frecuente de lo que nos pensamos. Si echamos la vista atrás, seguro que todos en algún momento hemos experimentado alguno de estos estados alguna vez.
Aparentemente en una sociedad como la que vivimos debería ser difícil sentirse sol@ porque hay gente por todas partes y hoy en día la tecnología hace posible la comunicación entre infinidad de puntos del planeta. Entonces, ¿por qué nos sentimos solos? ¿por qué la sensación de abandono?
Este es un tema que me parece muy interesante, una incógnita que nos puede llevar a la piedra angular de nuestro propio proceso. Porque esa sensación procede de nuestro ser, de nuestra mente. Si miramos a nuestro alrededor y examinamos nuestra rutina diaria veremos que constantemente estamos interactuando con otras personas. El ser humano es un ser social por naturaleza y esto conlleva lo que se llama coodependencia. Nuestras vidas están imbricadas, esto quiere decir que de alguna manera la vida de unos depende de la vida de otros. Por ejemplo, por necesidades fisiológicas del cuerpo todos ingerimos alimentos, según lo que queramos comer iremos a otras personas que vendan pescado, carne, verduras... para cuidar nuestra salud nos dirigimos a los profesionales de la salud (médicos, fisios, logopedas, terapeutas...) y así sucesivamente. Vivir literalmente aislad@s del mundo es algo difícil, me arriesgaría a decir que es imposible, puesto que todo es una cadena. Incluso el aire que respiramos depende de otros, del sol, el agua, la fotosíntesis, la humedad del ambiente, la contaminación...
Todos dependemos de todos. Hay algo invisible, muy sutil, que nos une. Si observamos atentamente y nos permitimos sentir, experimentaremos esa unión con todo. Cada vez que respiro, el mundo respira a través de mí, la creación respira a través de mí. Con cada latido de mi corazón siento el movimiento de la Tierra vibrando en sístole y diástole... y así comprendo, que nada es fortuito, que estamos todos juntos en este baile entre polaridades y se va desdibujando la línea entre ellas poco a poco. Voy bajando las barreras que clasifican y etiquetan la realidad, y entonces, por fin siento el fluir de la vida como un continuo inagotable.
En cada una de las personas, animales, cosas e incluso sucesos que aparecen en mi vida veo un aspecto de mí. Sé que todo cuanto desfila ante mi mirada guarda un aprendizaje para que sea cada vez más consciente. Me he dado cuenta de que en este mundo ilusorio que todo es actividad de la mente, debo aprender a no retener, a dejar que ocurra. Quizá por eso me siento sola algunas veces, porque olvido la condición de unidad, yo misma creo la separación cuando en sí nadie ha estado nunca solo. La soledad nace de la separación entre YO y "el exterior", de una visión sesgada. Cuando el YO es separado del resto (lo que se considera externo) se crea un aferramiento a una serie de características que se hacen fijas, limitadas y excluyentes. Así se crea lo que YO soy y lo que no. Al decir que yo soy algo estoy rechazando el polo opuesto, así se constituye la sombra. Normalmente aquí empieza la lucha encarnizada por eliminar lo que no soy y en el proceso es frecuente darse cuenta de que en nuestro intento de acabar con esa sombra manifestamos y nos encontramos con lo que queremos eliminar. Un triunfo es saber reconocerlo, puesto que entonces podremos integrarlo en nosotros como parte de nuestra naturaleza. Eso es iluminar la sombra, hacer consciente el inconsciente, tomar conciencia :)
Por eso, como decía en un post anterior, es posible sentirse sol@ en compañía y acompañad@ estando sol@. No necesitamos estar rodead@s de gente, ni que las personas sean de una forma determinada o de otra. Lo mejor es aceptar que las personas, las cosas, todo es tal cual es, que es nuestra mente dual la que etiqueta bueno/malo, bonito/feo, agradable/insoportable... La solución está en nnosotr@s mism@s. Cuando somos capaces de sentirnos parte de algo más grande que nosotr@s mism@s, de percibir esa unión invisible que nos conecta a tod@s y a todo, cuando podemos experimentar que amor es todas partes, entonces desaparece el velo y con él la soledad y el aislamiento.
Por eso el odio genera tanto sufrimiento, cuando se odia, se está rechazando, aislando y separando una parte de nosotr@s mism@s. ¿A caso si nos cortamos un dedo no nos duele? En sí, el odio surge de la falta de amor. Cuanto menos amor, más odio. Pero esto no quiere decir que el odio deba reprimirse. Debemos tomarlo como un síntoma y escucharlo y atenderlo para saber dónde nos duele. Ahora ya sabemos que reprimir es escindir y por lo tanto alimentar la sombra.
Un abrazo corazones ^_^
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